ZOUK MAGAZINE (Versión en Español) NÚMERO 1 - Page 69

69 de “la afección hepática, he ido a parar a un tipo de whisky que bebe mucha gente mayor: el whiskey irlandés”. Dice que ahora no puede con el whisky escocés porque “hay algo dentro de mí que me dice que hasta aquí podríamos llegar”. Pero no se queja. Los irlandeses le gustan mucho porque “los destilan tres veces y esa debe ser la madre del cordero, ya que el producto que sale es muy suave y supongo que no castiga tanto el estómago y el hígado”. Hablamos de licores y no me puedo resistir a preguntarle qué opina de la moda desatada por el gin-tonic, casi una plaga bíblica, que sufrimos. Sostiene Monzó: “Una de las cosas que más me divierten es cuando un jovenzuelo me pregunta si he probado además a este le gusta comer, parece casi obligado preguntarle si este gusto por el buen comer se ve reflejado en su obra, pero en el caso de Monzó, y como él mismo dice, su narrativa es un poco abstracta y desnuda de detalles. Así que no hay caso. No obstante, sí recuerda haber hecho un juego de palabras con jambalaya en una de las narraciones de Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury (1980) porque “en una época me dio por cocinar jambalaya. Me encantaba esa evolución de la paella. ¡Era el rey del jambalaya! Además era esa época nefasta en la que en Barcelona no había restaurantes de otros países. Solo cuatro italianos horribles en la avenida de Sarrià, todos igual de putrefactos”. “por culpa de la afección hepática, he ido a parar un tipo de whiskey que bebe mucha gente mayor” el gin-tonic. Y pienso: si te enseñase mi hígado, hijo mío… Creen que han descubierto el Mediterráneo o la sopa de ajo. ¡Nosotros bebíamos gin-tonics sin parar durante los setenta y los ochenta! En aquella época, una de las cosas habituales para evitar la ginebra de garrafa era pedir Giró, porque era barata pero lo suficientemente buena. Si pedías una ginebra superior te la daban de garrafa; si pedías Giró no valía la pena el esfuerzo. Con la Giró estabas asegurado. Pero cuando ya pude pedir lo que quise, descubrí la ginebra Bombay, que me enamoró. Y la tónica Schweppes. Que no me vengan con milongas. Recuerdo las luchas que había cuando la Coca-Cola tenía la maldita y aborrecida Finley, que te metían en muchos bares y discotecas porque la regalaban. Pero la Schweppes es la Schweppes. Es como el Vichy Catalán: en cuestión de aguas con gas, que no me vengan con otras historias”. Si hablas de comida con un escritor y si Despachado el desayuno y los cafés, Monzó me hace una revelación, sin pedírsela, sobre aquel plato que todos quisiéramos comer antes de morir. “Cuando escribí el artículo sobre la tiranía del pimentón en los callos, un tipo de apellido Pi i Sunyer -debe ser descendiente de los Pi i Sunyer que se exiliaron tras la entrada de las tropas de Franco -escribió al diario, desde México, una carta de puntualización deliciosa, donde explicaba que en aquel país preparan callos con hongos. No dejaba claro de qué tipo de hongos se trataba pero, conociendo los hongos de México, era fácil deducir que no eran simples níscalos o champiñones. Pues esa es una de las cosas que me gustaría probar antes de morir”. Y terminamos como debieran terminar todos los actos de amor, entre los que sin duda se encuentra el de comer: con [