Travesías didácticas Abril 2019 - Page 74

Colonia Caroya, Provincia de Córdoba, República Argentina. En el centro de la Argentina, donde el cantito en el hablar marca el tempo de la vida en comunidad, abrazamos las infancias para dejar las mejores huellas en los primeros años de los nuevos ciudadanos deseando una ciudad más amplia y libre. Desde hace más de 10 años este jardín maternal y de infantes, espacio educativo para niños y niñas pequeñas, viene gestándose en el alma, el cuerpo y la mente de un puñado de adultos que vibra en la necesidad de responder a la fragilidad de las infancias de estas últimas décadas y a las necesidades laborales de familias trabajadoras o inquietas. Derechos de los niños/as, nuevas tendencias de crianza, falta de opciones, tiempos deshumanizados y sobre todo familias en busca de instituciones que abran sus puertas a una educación compartida, amorosa y significativa fueron algunos de los motivos que nos ayudaron a nacer. Fueron varias los naufragios hasta llegar a tierra firme. Desde Hace 6 años en Colonia Caroya, provincia de Córdoba, justito donde estaría el corazón de nuestra Argentina si fuera una persona, late fuerte y tiernamente este jardín. Somos, o mejor dicho vamos siendo, un grupo de profesionales de la educación que cada día recibimos a medio centenar de pequeños/as en un salón lleno de luz del sol, con un escenario lúdico, que bien podría ser una instalación por la disposición y tipos de elementos desestructurados y versátiles, que les permite ir despertando cada vez en esta experiencia de institucionalizar sus mañanas. Una ronda redonda, un zambalele, un repertorio variado y muchas manos bailando en el aire, con guitarra o alguna percusión cotidiáfona, hace de ritual de inicio de cada aventura diaria. Y así los grupos de 1, 2 y 3 años y sus educadoras, también Mabel quien se encarga de limpiar nuestros enchastres y algún familiar que se anima a empezar el día jugando, comienzan el viaje. Momentos de juegos en la hamaca que cuelga de una mora que en primavera tiñe dedos, cachetes, vereda y hojas de dibujo, vueltas en la calesita, cuevas en el arenero multicolor, o familias en la casita de madera, dan la bienvenida al sol o a la sombra. Las estaciones van marcando el tempo de la rutina, para saber si es momento de sacar las narices al sol mientras escuchamos un cuento acostados en el pasto, de salir a pisar hojas y bailar con cintas de colores en la galería, de corretear en un patio temprano para aprovechar el fresco y la sombra, o de cargar palanganas y mangueras cuando el calor agobia. 72