Ruido.pdf (Oct. 2014) - Page 503

Desde la respuesta a la pregunta por uno mismo que han encontrado muchos músicos en la música, también está la sensación anónima de mezclarse, una idea mundo de compartir un palpitar donde la sensación no es ya la de destacarse sino la de hacer parte. La música es integradora a algo indefinido. “La música (te da) es algo que no te lo da alguna cosa material, la música es algo que está por encima, te llena el espíritu más que cualquier otra cosa” –dicen los músicos de Duánima. “La música es un núcleo, todo tiene música, todo gira en torno a ella, conjunto de sonidos (…)” – Dicen en El Faro. Los músicos –como es de esperarse– tienden a describir más que a definir la música y aparecen las imágenes, las sensaciones, temperaturas en varias pieles y los colores que se hacen tangibles. Masa de fuegos –dice Rulaz Plazco hablando del Hip–hop–; “esa bolsa–masa, ese plan fusión”. Quizá más que dar cuenta de las palabras a la pregunta de por qué la música es decir en qué tono o cuál es ese pentagrama de las respuesta: primero –casi siempre– alguna estridencia, luego un acorde mayor, silencios y los acordes menores de la introspección. En este libro se ha contado con la intención de no resbalarse hacia una idolatría a los músicos –como si fueran personas que no se asemejan en luchas y convicciones con los demás– pero después de valorar mucho lo que ocasionan, queda también en lo más profundo una mística. Los músicos tienen la posibilidad de estar frente a algo reverencial y esto se hace visible en lo ceremonial del silencio que aflora cuando se les pregunta por la música; también en una letanía que dicta la música, la música y una llave