Ruido.pdf (Oct. 2014) - Page 388

partes por los canales de internet. Con La Matraca el orden se invirtió con muchos grupos: primero descubiertos afuera y luego por nosotros. Esto hace que el impacto de La Matraca en acercar agrupaciones, presentar nuevos sonidos y generar alternativas artísticas -a un público que está preparado para recibir vanguardias o experimentos- sea alto. Los grupos empiezan a tener público de Medellín que no tenían -y siendo mucho más escuchados en otro país- y este descubre un gusto por una música colombiana que puede ser alterna, más profunda o completamente desapegada -como ‘Meridian Brothers’. Otras músicas, abrir una escena, es una apertura de la cultura -entendida como placer- y enmarca la estrategia principal del Teatro Pablo Tobón Uribe con La Matraca. Se trata de un teatro que vuelve a abrir sus puertas actualizando el contrato de programación cultural con una audiencia, aquella que todavía no existía o que no le pertenecía: “Gente sin asco para ir al centro y trasnochar en el mismo”. El espacio que estaba por llenar, la propuesta que estaba por hacerse era la de la música: ¿dónde se escucha música en la ciudad? Hay grandes eventos anuales y otros únicos, pero La Matraca empieza a explorar algo único en ese tamaño y con esa constancia. Esos nuevos días para el PTU se enmarcan en una recuperación del centro que parece a veces dar dos pasos para adelante y a veces uno o tres pasos para atrás. Un centro del que nos volvemos -por momentosajenos, y un teatro y una programación intencionada nos acerca. La Matraca es una de las formas que tiene el Teatro para asumirse como flor del centro y puerta del nuevo norte de Medellín mediante la seducción de un público joven -quizá ajeno en su cotidianidad con los teatros mayores y formales de la ciudad. La búsqueda se hizo viable con una parte de patrocinios privados, otra institucional y una de la boletería, logrando una relación entre el impacto cultural y social del teatro y sus posibilidades comerciales. Pero en esa búsqueda, La Matraca empieza a exigir sus propios objetivos y a crear sus propias lógicas, y aparece como un nuevo puente con los mercados culturales -esa tercera vía que ha encontrado la música para ganar la libertad frente a la aplanadora de lo Pop y no ahogarse en el anonimato del underground. “Llevar al escenario con la dignidad del teatro” a unos grupos -muchos sin que lo necesitaran. Se trata en especial de encontrar un buen formato, un ensamble profesional y un evento bello y divertido, desenfadado pero a la vez elegante y así acercar una ciudad distante para algunos nortes de Colombia y su sur. Se trata de un lugar que el mundo ya les estaba dando a varios de estos músicos y que otros tenían ya por siempre en la historia de la ciudad. Una forma 388 -entonces- de renovar votos con músicos que siguen en movimiento y una manera de retribuir con solemnidad a un público la confianza depositada en el PTU. El teatro para La Matraca fue la morada material y la articulación de símbolos para un pequeño nuevo ritual de descubrimiento musical. Poniendo en escena a esos músicos que se defienden sólo con la música, La Matraca ha logrado crear encuentros insospechados de públicos y agrupaciones. El aumento constante y paulatino de la venta de boletas -sin subsidio ni intermediación- son caminos que se van ensanchando para vivir de la música mientras que se construye un presente de nuevas canciones para habitar.