Ruido.pdf (Oct. 2014) - Page 358

un músico tome la decisión de renunciar a una banda en la víspera del primer concierto. Son dos inicios diferentes cuando la banda se presenta primero en un bar o en un pequeño espacio gratis y después en una gran tarima o bajo un contrato formal. Muchas bandas que tranquilamente se empezaron a hacer a la vista de todos, sin necesidad de un único gran debut, tuvieron una primera presentación de covers o con tan corto repertorio que les tocaba repetir canciones. Existen agrupaciones con la política de no tocar en eventos gratuitos, así como las que no lo hacen en eventos pagos. En el segundo grupo se puede encontrar la banda de Punk ‘Los Desadaptadoz’ y en el primero muchas bandas que se consideran con un recorrido como para haber concluido esa etapa (de “darse a conocer”). En todo caso, estos géneros divergentes y el deseo de la música están pariendo constantemente agrupaciones cuya única expectativa es que presentar su música no les genere ningún costo. La principal búsqueda de dignidad de los músicos nace de las exigencias por un rider técnico, como la búsqueda de las condiciones para la nitidez de su música. Muchas agrupaciones viajan adonde les digan sólo con el hospedaje y con el transporte, que a menudo es un bus. También se encuentran casos de agrupaciones que en una época viajaban a Bogotá sin invitación para andar de bar en bar ofreciendo una presentación. O el caso de una banda de Punk con reconocimiento nacional e internacional como ‘Los Suziox’, que afirman que les es suficiente con tener transporte, un techo, un lugar donde cocinar y buen sonido para tocar. Una de las primeras cosas que subyace en los conciertos es la preparación previa. El concierto motiva una rutina de ensayos que en un principio puede resultar artificial para las agrupaciones que no tienen disciplina de práctica conjunta. Lo cierto es que el concierto se vuelve en tema sobre la mesa y horizonte, arrojando una serie de tareas, división de trabajo, material para comunicación y la excusa para que cada uno active su red. Para agrupaciones sólidas, el primer concierto importante o hasta una presentación organizada en un bar es un paso definitivo para que algunos miembros se empiecen a tomar el proyecto en serio, pero también nos pone frente a bandas que no encuentran un buen balance entre comercialización y desarrollo musical, porque si bien ocupan mucho tiempo en la consecución de conciertos, sólo ensayan (y siempre con algo de urgencia), en las vísperas de una presentación. Los ensayos de las agrupaciones tienen varias etapas. De un lado, podemos tratar de agrupar, aunque con excepciones, los ensayos adolescentes, que están plagados por la imaginación, la ausencia de reloj y el montaje eterno de canciones; y en el otro extremo las agrupaciones muy antiguas que parece que pasaron 358 su momento y que no han formalizado su retiro, pero como aún las siguen llamando, se reencuentran para ensayos durante una o dos semanas previas a los conciertos (a veces una vez por año). En un buen número de agrupaciones, sin importar la edad de los músicos y el tiempo de la agrupación, el ensayo es un espacio de camaradería en el que se desenvuelve una amistad que no es decretada, no es compacta y no tiene un ritmo constante, pero que no sólo es medio para el éxito de la banda, sino que puede volverse en el sentido de todo, en una forma de vivir en la música y ser parte de un grupo. La amistad en los ensayos presenta el contraste del correlato difícil de la formalización. Conforme la banda se vuelve un instrumento central para ganarse la vida, la imposición y la forma de encantamiento con el ensayo es distinta y entra en los campos de la obligación con elementos más pobres e indiscutibles de convencimiento. La idea artística emerge, la amistad se da o no, pero todo puede ser, por momentos, atrapado por el tedio de una repetición, y donde coordinarse con el otro puede ser un estorbo y vencer desafíos técnicos puede ir de lo tedioso a lo doloroso. Del otro lado de la novedad intacta, más que un pasatiempo, el espacio de la práctica grupal –como un pequeño encuentro anónimo– se parece a las idas al templo de un religioso; incluso una agrupación de Metal llama a la rutina del día de ensayo “el día de Odín”. Muchos de los músicos que trabajan o que emprendieron en su agrupación mientras estudiaban necesitaban con urgencia ese espacio semanal de ensayo como un acto ritual para recuperarse, ser ellos o desplegar una parte importante de sus vidas. El segundo elemento detrás de las presentaciones es la relación con el público y la construcción de una audiencia. Aquí también se pueden dar los encantos de recibir la aprobación, la admiración y conmover o enfrentarse a los amargos sinsabores de la impopularidad, a un público inerte y descomprometido. Nada peor que estar frente a un grupo que siente que el público no le da lo que debe. Tratar a esa masa especulada o a un puñado de personas como si fuera una unidad con capacidad de coordinación y deuda, es un síntoma inequívoco de un grupo al que se le ha extraviado el sentido. Es difícil saber qué porcentaje de la música es hecha para otro o para sí mismo. En todas las entrevistas el desahogo tiene un lugar, pero también se menciona como un motor importante el orgullo de ser escuchado por otro, la motivación de lo que crea y acompaña una canción.