Ruido.pdf (Oct. 2014) - Page 234

a Punk, inspirado en ‘Eskorbuto’, ‘La Polla Records’ y ‘Ramones’, pero tiene también solos de Luisgui, que tiene una gran influencia del Heavy Metal, y cuenta con Felipe, que le mete al bajo un sabor muy movido, tirando a Ska y al Ska-Punk. Su proceso para crear canciones arranca con las letras, y aunque procuran no ser “clichezudos”, repetitivos, yéndose a los extremos cursis del amor o a los extremos trágicos y enfadados de las canciones políticas, sí tienen letras muy literales que hablan de que no hay fronteras, banderas o colores, y buscan, entonces, que sus canciones construyan algo. No están interesados en que su banda tenga una ideología y se quieren alejar de un Punk adolescente que está eternamente enfadado y no encuentra nada que le guste. Tal vez los une una consigna por la libertad de expresión que les da un sutil color político en las canciones, pero sobre todo una fórmula para hacer y para juntar música. Quince canciones grabadas son una respuesta al mundo violento en el que vivimos, a los engaños, pero también desde ahí, desde su revisión, se plantean una búsqueda musical, las canciones siguientes. La necesidad de un encierro para reencontrar un origen Rock y Punk, el de ellos, o el que ellos editan para su historia, pero también una tradición que piden, una familia de la que quieren hacer parte. Primero tocaban en parches , con diferentes sonidos, con “dos amplificadores y un micrófono sostenido por una matera”, porque no querían “hacerle el desplante a ninguna invitación”. Luego vienen “los festivales y conciertos en los barrios con tarimas y sonido profesional” y curiosamente los empiezan a llamar a tocar afuera, dejando poco tiempo para consolidarse en Medellín, como si les quedara más fácil ser profetas fuera de su tierra. Cuando fueron a Bucaramanga tenían muy pocas 234 canciones publicadas en la web, y la web no era lo que es ahora. Aun así, “la gente se sabía ya las canciones”, como si su grupo fuera muy necesario por fuera de Medellín. Eso nunca lo entendieron. Una vez más, uno no sabe a dónde va a parar la música. Foto: Santiago Rodas En la Fiesta de la Música en el 2008 el pogo que se armó con sus canciones fue muy intenso, ‘Alkoholemia’ “arrasó completamente esa noche”. La forma como la gente se movió con su música los diferenció de otras bandas. Todo ese caminar, donde ha estado el Sabanetoke con Felipe Grajales y los viajes a Bogotá, muestra una forma de tejer en movimiento, quizá en un principio poco calculada. Aunque se consideran solitarios, la misma tranquilidad para mirar su proceso musical y banda les ha servido para hacer intercambios con ‘Desastre Capital’, ‘Vehemente’ y ‘La Plebe’. Dejando de lado por un momento esa inercia apasionada que es el carnaval de la música -hacer, intercambiar- aparece lo difícil, que es la opción del arte y lo complejo de la escena en Medellín. Alex Oquendo de ‘Masacre’ dijo, según ‘Alkoholemia’: “Medellín es un pueblo de bandas”. “Todo el mundo tiene banda y la gente va a un concierto a cruzarse de manos y no se le enreda ni un aplausito. ¡Así no crece, pero es que es nadie!”, se lamenta un integrante. ‘Alkoholemia’ no parece ser la banda que somete continuar al éxito. Después de un bajista que se fue de la ciudad y volvió, de padecer esa cultura de la gratuidad en Medellín de “100 por la de atrás”, las fiestas y los muchos toques pagados de su bolsillo explican que esta banda que -se creó entre tragos y toques- es movida por el placer. La música es por diversión, y no mero entretenimiento, sino urgencia, escape. La “música para liberarse de las presiones de lo cotidiano”.