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Los ochenta vendrían con cierta tensión entre las agrupaciones que aparecían en barrios de mejores condiciones económicas (El Poblado, Laureles y Belén) y las otras que emergían sin muchos instrumentos –ni equipos– en otros barrios de la ciudad como Castilla, Aranjuez, Manrique, Campo Valdés, entre otros. Esta disputa se reflejaba en los lugares de parches y toques. Los primeros conciertos de Ultrametal y Heavy Metal en la Plaza de Toros La Macarena, la Plaza de Banderas y el Teatro Carlos Vieco darían cuenta violenta de esta creciente incomodidad entre grupos, muchos de estos terminaron con la intervención de la Policía. En el último lustro de los ochenta la tensión parecía bajar un poco. El Punk ya se había consolidado en la ciudad y las dualidades conflictivas parecían dispersarse entre otros sonidos como el Rap, el Hardcore, el Rock y sus variaciones, entre otros. A finales de esta década ya habían unos parches marcados, estos, a pesar de ser de uno u otro género, estaban más abiertos a la interacción entre diferentes públicos. En el noroccidente de la ciudad, donde principalmente se congregaban metaleros, punkeros y raperos, estuvieron lugares como la Arboleda hacia Bello, el Parque Tricentenario en Castilla, en el barrio el Pedregal, León de Greiff en el Doce de Octubre, Colpisos en Robledo y el parque de las Naciones Unidas con un gran concierto de Rap a principios de los noventa. Hacia el nororiente, Aranjuez era el centro de muchos de estos lugares. Allí estaban lo que llamaban Las Ruinas que fue punto de encuentro de muchas de las bandas de Punk y Metal en la ciudad a mediados de los 80. También en la terminal de buses de Santa Cruz y varias de las canchas y placas de las comunas 3 y 4 (Manrique y Aranjuez, respectivamente). En El Poblado, donde se fortalecieron otros géneros a principios de los noventa como el Rock Alternativo y algunas variaciones del Rock con toques electrónicos, los pr