Revista UNADiccion Mayo 2015 - Page 17

Había decidido dejar de llorar, sus ojos aún humedecidos por las lágrimas reflejaban una mirada de profunda soledad y tristeza. Sentada sobre el césped se levantó y caminó entre la gente sin mencionar ninguna palabra. La gente y el paisaje parecían ajenos a la imagen de la hermosa joven, que caminaba en línea recta hacia la nada. De pronto un hombre se levantó y caminó firme hacia la muchacha, Y preguntó:

-¿Se siente bien señorita?

La joven no contestó, sus hermosos ojos verdes observaron al hombre con un gesto de agradecimiento y siguió su camino. En muchas ocasiones se había encontrado con personas que le tendieran la mano o le ofrecieran palabras de alivio, sin embargo, su confianza hacia la gente se había roto por otras tantas personas que de uno u otro modo la lastimaron. Su último amor, había decidido terminar la relación y los planes de vida que tenían, porque consideraba que su familia tenía algunos motivos que impedían su relación con ella, aunque nunca explico realmente cuales eran esos motivos. Desde esa última vez, la vida para la Joven no volvió a ser la misma, es como si muy dentro de ella algo se hubiera roto y haya quedado irreparable. Constantemente divagaba en sus pensamientos y absolutamente nadie sabía lo que dentro de ella sucedía.

Unas gotas pequeñas de lluvia cayeron esporádicamente sobre su rostro, apresuró el paso hasta llegar a su casa, sin saludar entró y se encerró en su cuarto. Su habitación constaba de una cama y una modesta cómoda de madera oscura, una pequeña televisión, un pequeño estéreo y unos cuadros en la pared con pinturas de casas al estilo oriental en las que se podían apreciar verdes bosques, frescas flores y hermosas fuentes de agua. La primera impresión al verlos figuraba un lugar apacible, que aislaba al mundo exterior, de ese espacio que daba la sensación de ser un lugar de fantasía, creado tal vez por sus padres para evitar el dolor y el sufrimiento hacia ella.

Al contemplar la escena dos grandes preguntas se venían a la mente:

-¿Qué es lo que realmente vivía la joven?

-¿Por qué razón resaltaba en ella esa mirada profundamente triste?

Por muchos años la joven vivió en un mundo de fantasía, sin saber que algún día la vida misma la llevaría a conocer el mundo real, un mundo lleno de sin sabores y amarguras.

Su familia siempre había sido muy protectora, sobretodo su padre, un hombre cuya serenidad, llenaba de seguridad y calma a su familia. Su pelo cano adivinaba una persona de gran experiencia, de mirada apacible y de profundo amor a la vida. Para él, su familia era el gran motor que lo impulsaba a la dura faena de la vida. Amaba con toda el alma a sus hijas, pero siempre había sentido una conexión muy especial con la joven, a quien desde el momento en que ella vio por primera vez la luz del día, pensó en llamarla Lluvia, porque desde muy chica reflejaba en sus hermosos ojos verdes, una enigmática alegría que se antojaba como una gota de lluvia que yacía sobre las verdes hojas de los árboles.

Para su padre ella era su princesa y de ser por él, hubiera dado la vida entera por construirle un castillo de grandes jardines con flores, iluminadas eternamente con la tibia luz del sol y armonizado siempre con el hermoso canto de las aves. Sin embargo, él entendía que algún día ella desearía conocer el verdadero mundo.

El padre de lluvia siempre quiso mostrarle el mundo poco a poco, con pequeños ejemplos, con pequeñas metáforas de vida, pero ella siempre fue un poco impaciente y fue descubriéndolo prematuramente, sin saber que recorrería muchos caminos buenos y muy malos, alegres y tristes, que marcarían de por vida su destino.

más malas que las primeras y fue tal vez una de sus mejores virtudes o uno de sus peores defectos creer en todos, nunca juzgó a nadie ni por su apariencia, ni por ningún otro motivo, ya que su padre le había enseñado a apreciar a la gente por su valor fundamental e implícito; la dignidad del ser humano, ese sentimiento de humanidad que ofrece respeto a un recién nacido, solo por el hecho de serlo. Sin embargo cada vez que confiaba en alguien, se daba cuenta que el ser humano tenía una capacidad extraordinaria de destruir los sueños y la confianza de la gente que lo ama. Lluvia se hacía tantas preguntas, pero nadie le tenía una respuesta clara. Para ella fue difícil esta etapa de la vida, puesto que no contaba con nadie en quien pudiera depositar su confianza, sin que ésta fuera traicionada, dejo de creer en las personas, dejo de creer en el amor y poco a poco se fue olvidando también de sus sueños.

De pronto la joven quiso caminar sobre un rumbo nuevo, sin saber que la llevaría a un mundo de soledad, de tristeza, de desesperación y de nostalgia, sensaciones ausentes de alegría.

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