Revista Foro Ecuménico Social Número 6. 2009 - Page 70

Desarrollo y Diálogo Sorprende el clima general de convivencia, integración y no agresión entre los diversos grupos de inmigrantes y el conjunto de la sociedad. 88• FORO razas, lengua o religión y se les aseguran los mismos derechos civiles que corresponden a todo ciudadano. En la misma Constitución se sostiene que “El Gobierno Federal fomentará la inmigración europea. No podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes”. Los gobiernos argentinos en general han mantenido esta actitud abierta y receptiva. El actual ha reforzado esa actitud, por medio de un mayor entendimiento con los países vecinos y facilitando la resolución de las dificultades que se pudieran presentar. La nueva Ley Nacional de Migraciones, junto con programas de regularización migratoria, reafirman nuestra tradición de país receptor y establece nuevos mecanismos de integración social. Fue producto de un trabajo consensuado entre sectores gubernamentales y no gubernamentales y pretende garantizar el pleno respeto de los derechos humanos de todos. Nuestro país ratificó la Convención para la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y sus familiares, en la que se propone eliminar toda forma de discriminación, xenofobia o racismo. Las medidas migratorias de carácter restrictivo (por ejemplo de seguridad, control de fronteras) no aportan soluciones sino que generan más irregularidad y desigualdad. La historia de la inmigración en Argentina se destaca por una situación original y en cierta medida sorprendente: el clima general de convivencia, integración y no agresión entre los diversos grupos de inmigrantes y el conjunto de la sociedad. Han incidido la postura abierta de la población argentina y las políticas de Estado, pero mucho también la actitud de la mayoría de los inmigrantes, que concientes de la situación de donde venían se encariñaron con el país y aquí quisieron formar sus familias y proyectar su futuro. Por eso descartaron los sectarismos y los enfrentamientos. Al principio, los distintos grupos de inmigrantes “se unieron en la desgracia”, pero luego fueron considerando al país como propio y de todos, y no tuvieron reparo en intercambiar el trato y asistir a lugares comunes (escuelas, hospitales, clubes, trabajos, espectáculos, barrios, turismo). Si bien subsisten de ciertos grados de intolerancia y discriminación en algunos sectores de la población, la Argentina sigue siendo un país abierto y receptivo. En la actualidad tiene capacidad para incorporar a muchísimos inmigrantes. Un país no se construye ni se nutre únicamente de normas y de leyes sino también por la creación de espacios de encuentro que permitan participar del intercambio cultural. Este intercambio abre nuevos horizontes y nos predispone a atender a los demás, inclusive modificando nuestros puntos de vista como condición imprescindible para la convivencia pacífica. Para que las sociedades del siglo 21 asuman nuevas formas de solidaridad en un mundo cada vez más interdependiente hay que elaborar políticas públicas y privadas capaces de ir creando un nuevo humanismo social. Por medio de variadas iniciativas promovemos el pluralismo, la convivencia y la inclusión, auspiciando permanentemente el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural. Así ayuda a responder a los retos que presenta la integración de la población inmigrante.•