Nómadas Nov. 2011 - Page 16

Nómadas por lo que no puedo opinar, pero, sin embargo, sigo pensando que el tamaño de mi punta de caza no tiene absolutamente nada que ver a la hora de elegir realizar un disparo o no. En el mejor de los casos, una punta de caza grande convertiría un disparo mediocre en una muerte rápida, lo que es bueno, pero sigo sin creer que sea ético efectuar disparo alguno que no esté perfectamente centrado en la zona vital de nuestra presa, con total independencia del tamaño de la punta de caza. Y, por descontado, una punta de caza grande tampoco me haría más proclive a realizar disparos a largas distancias. En términos medios, es posible que mis tiros sean hoy día ligeramente más largos de lo que lo fueron hace ya muchos años, pero no creo que la diferencia vaya mucho más allá de cinco metros. El problema con los tiros largos no es tanto el error humano como el hecho de que los animales pueden realizar todo tipo de movimientos mientras la flecha está en el aire, de manera que, cuanto más largo sea el disparo, más posibilidades hay de arruinarlo. Por esta razón, no suelo efectuar tiros demasiado largos, aunque me encuentre en forma para realizarlos en ese momento. Mi única concesión a la tecnología actual radica en la confianza que me inspiran los telémetros láser, y en la mayor velocidad de las flechas, poca cosa más. En resumidas cuentas, creo que los cazadores más experimentados deberían replantearse estas cuestiones, aunque solamente fuera porque meditar sobre nuestros actos en el monte comporta una sanísima gimnasia mental; es muy posible que lleguen a conclusiones similares a las mías… que no por serlo de Página 16 quien esto escribe resultan más fiables, desde luego. Por otra parte, entiendo que los recién llegados -dicho sea con todo el cariño del mundo- deberían centrarse en los tiros auténticamente clásicos en todos los sentidos, mucho más si son tiros reales de caza, hasta que sus habilidades se perfilen y mejoren. Y tampoco creo que estos cazadores de nuevas hornadas sean menos éticos, ni mucho menos. Más bien, tiendo a creer que pueden ser víctimas de las candilejas del marketing, de alguna compañía mal informada, y de instructores que no saben, no quieren o no pueden transmitir cierto tipo de emociones -más que de conocimientos- que son las bases eternas del deporte que nos da la vida. Materia de reflexión, sin duda alguna, para quienes tenemos el honor de desempeñar labores pedagógicas en nuestro peculiar microcosmos. Hasta otra y buena caza. Mariano Gómez García “Leizael” Instructor Nacional RFEC Editor “Nómadas”