Nómadas 02 - Page 49

El aguardo desde suelo o puesto elevado es menos espectacular, pues no es fácil averiguar en que horas puede tener su paso, o si pasará a largo de la jornada. Pero por otro lado, elimina a nuestro principal enemigo, nuestro movimiento. Estando apostados, nosotros vemos llegar al animal y sincronizamos nuestros movimientos, mientras es el corzo quien se expone. Si, y solo si el viento nos da cobertura, y si tenemos el puesto bien colocado para disimular nuestros movimientos, tendremos alguna posibilidad. Con una extremada sensibilidad visual, el corzo es capaz de detectar el más mínimo movimiento dentro de su amplio campo de visión. Su agudeza en determinar lo que ve es reducida, pero es altísima su capacidad de detectar cualquier movimiento. Este es su mecanismo de defensa y junto con su nariz, nuestros principales adversarios. Si hemos tenido la suerte de localizar una zona de paso o de frecuencia, si hemos localizado frecuentes deposiciones o encames, si hemos podido localizarle visualmente, es momento de estudiar do nde localizar el que será nuestro apostadero. Si el terreno es favorable y contamos con una localización para un puesto elevado, esta puede ser la mejor estrategia. Con mucho tiempo de antelación habremos interpretado los posibles movimientos de entradas y salidas, los vientos predominantes y tendremos muy claro todas las posibles variables que puedan producirse. Naturalmente todo cuanto podamos haber previsto se verá trastocado por mil y un acontecimientos que no habremos sabido prever y que son y seguirán siendo la salsa de la caza. Tanto si finalmente abatimos nuestro corzo como si no lo podemos hacer, estas imprevistas circunstancias serán las que nos permitan volver a casa satisfechos o al menos resignados con una justa y educativa de-