Nómadas 02 - Page 42

Sin prisa, pero sin pausa… por Leizael Cuando la adrenalina fluye, es vital conservar el control, pero ¿cómo? D espués de cada lance, de cada temporada que se va alejando en el horizonte, parece necesario recapitular, sentarse con el gorro de pensar bien apretado y repasar los acontecimientos vividos minuciosamente, siempre en busca de esas viejas lecciones que hay que volver a aprender. Con cierta frecuencia, se trata de enfoques, de ideas que aparecen más claramente que en ocasiones anteriores, que se dibujan con más nitidez que en años pasados, nadie sabe muy bien por qué. Por ejemplo, me da mucho que pensar, y de continuo, la imperiosa necesidad de soltar el tiro cuanto antes, de dejar partir la flecha en cuanto divisamos, a duras penas, la zona vital de nuestra presa. Esta reacción, que nuestros compañeros americanos llaman “rushing the shot”, es una de las principales culpables de nuestros fracasos en acción de caza. Compañeros y amigos más bien fríos, de nervios templados, tiemblan como azogados al estar bajo una cierta presión y acaban realizando tiros nefastos, con el final que tales disparos suelen llevar aparejado. Pero ¿cuál es la razón de esa prisa, de esa urgencia? Creo que es la misma clase de impulso que sentimos ante cualquier situación peligrosa de la vida, ante cualquier presión más alta de lo habitual. Cuando la adrenalina surge, inundando el torrente sanguíneo, es muy difícil ser paciente. Nos apresuramos porque sentimos una imperiosa necesidad de actuar, de acabar con la escena que nos llena de hormonas galopando incansables.