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El país que supuestamente tenía un consenso democrático en derechos humanos (la transición pactada de Aylwin); el crecimiento con equidad; la apertura comercial (TLC con USA en tiempos de Lagos) como antecedente del dialogo político (Acuerdo de Asociación con la Unión Europea) y una transición concluida con la elección de gobiernos de coalición dirigidos por socialistas con grandes acuerdos en Educación, tributación, modelo productivo subsidiario, parecían encaminar a los chilenos a décadas de progreso sostenido.

Chile y su modelo, parecían no tener vuelta atrás, y los grupos radicales que pregonaban un cambio al modelo de desarrollo, tenían un rol marginal en el gobierno, en aras de mantener los niveles de estabilidad y bienestar de la población. Los magros resultados de crecimiento en el primer gobierno de la Presidenta Bachelet eran explicados por el ministro Velasco por las "condiciones internacionales", y para dar cuenta del papel del verdadero compromiso con la política y economía global, este "hacendoso" ministro promovió el ingreso a la OCDE. Ahora sí, decían los socialdemócratas constituidos en el poder vertical del Poder Ejecutivo, se rectificaría el rumbo hacia el exitoso modelo de los países europeos mayoritariamente constituyentes de la organización de países para el desarrollo.

Pero a fines del gobierno de la Presidenta Bachelet, las "almas" de la concertación ya no interpretaban el “mensaje de la calle”, y aunque en las elecciones del 2009 compitieron con un gladiador probado como el ex Presidente Frei, los votos concertacionistas tuvieron una gigantesca fuga hacia el representante de la ideología socialista de estilo francés clásico (ME-O), quien buscó evidenciar a los votantes, que el pueblo chileno quería una alternativa capaz de hacer cumplir la promesa de bienestar “gana la gente”.

Sin embargo, la encrucijada de bienestar fue resuelta por el pueblo, eligiendo un gobierno de pseudo derecha, orientado al gran relato que proponía el candidato Sebastián Piñera para el “modelo chileno”, y es que el año 2020 se alcanzaría el pleno desarrollo propio de un país avanzado.

Para este gran objetivo nacional, el Presidente Piñera en su primer momento prescindió de actores políticos de la derecha que votó SI a Pinochet, y de cualquier político con proyecto de futuro propio, y considero que el gobierno de los mejores es el de grandes ejecutivos empresariales (Golborne), el gobierno de “gente linda” idealmente educada en la PUC; capaces de lo imposible (rescate de los 33), y con esa grandeza que nos permitiría conducir a Chile a los mejores asientos globales (incluso el de Obama en la Casa Blanca). Sin embargo, estas macro cifras exitosas, explicadas “sin corazón”, recordaron a la larga que con cifras no se conquistan afectos populares, ni se logran mayorías suficientes para gobernar.

Pero, si bien el gobierno de Sebastián Piñera busco extender su legado, la sucesión de fallas de unidad, más la falta de compromiso, identidad y pericia del “gobierno del Management” terminaron devolviendo la conducción del poder representativo a la misma ex presidenta a quién le debían las condiciones de su ascenso.

Y como si fuera un fantasma de Hamlet, también vieron en la Alianza que su candidata (Matthei) del eje “familia militar- Si a Pinochet” cedía votos ante un líder populista (Parisi) que llamó a que el capitalismo fuera devuelto como beneficio al consumidor/ciudadano. Menos mal para Matthei que Parisi tenía "yayas" y las que no tenía, se las adjudicaron.

Pero ella perdió igual.

¿Pero qué dice la todavía vigente Constitución Chilena, sobre estos derechos fundamentales? involucrados?: