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No se necesita ir muy lejos para entender que el mundo ha cambiado, que los desafíos de empresas, organizaciones y gobiernos son distintos a los que se enfrentaban los ejecutivos de algunas décadas atrás. Basta tomar un diario y podremos ver una incertidumbre permanente, sólo miremos a Chile por un instante, terremotos, volcanes, lluvias son sólo una muestra de una incertidumbre generada por catástrofes, en lo político la agenda ha estado marcada por acusaciones cruzadas y una judialización de la relación dinero-política, judialización que antes vimos en la industria energética y de extracción de recursos naturales.

Pero no nos engañemos, la incertidumbre no es sólo en Chile, el miedo a la crisis económica ya es permanente en los distintos países de Europa , la legendaria Harley Davidson ha tenido un no tan placentero viaje el 2015 debido al precio del dólar (The Economist, 2015) ,la provincia del Alberta en Canadá luego de una época dorada se ha visto en graves problemas este año principalmente debido a la baja del precio del petróleo lo que en parte ha provocado que la oposición gane las elecciones luego de 44 años. En mi caso en el tiempo que llevo viviendo en Texas ya se me ha hecho un hábito constante el mirar el teléfono es busca de avisos de Tornados. Tal como dice Kotler (2009) vivimos en una época de turbulencias y cuando todo parece normalizarse, vemos una nueva turbulencia.

Y es que la globalización entendida como una creciente interrelación entre países, organizaciones e individuos (Eisenhardt, 2002) nos ha llevado a una nueva etapa tanto a nivel económico como social, en donde la información e intercambio económico viaja en tiempo real entre los distintos países a través de internet y de los teléfonos inteligentes, generando que lo que podrían haber sido pequeñas turbulencias escalen a pasos agigantados. Es así como disconformidades sociales que antes podían estar aisladas, hoy se propaguen por la red transformándose en exigencias sociales.

Es en este contexto, que la empresa y sus ejecutivos deben comprender que las organizaciones están insertas en este torbellino, que son actores relevantes que deben entender las conversaciones de su entorno, en el fondo “los mercados no son, básicamente más que conversaciones” (Ridderstrale y Nordström, 2000) ¿Pero como mejorar estas conversaciones? A continuación me refiero a dos conceptos, que las empresas debiesen tener en cuenta al momento de gestionar sus conversaciones y relacionarse con el nuevo entorno:

Escuchar conversaciones:

Si afirmamos que vivimos en un mundo de torbellinos, también debemos sostener que vivimos en un mundo de señales en donde desde las redes sociales, las nuevas tecnologías y lo que hoy conocemos como Big Data nos permiten poder escuchar (y participar) permanentemente a nuestros consumidores, clientes y comunidades.

Si afirmamos que vivimos en un mundo de torbellinos, también debemos sostener que vivimos en un mundo de señales en donde desde las redes sociales, las nuevas tecnologías y lo que hoy conocemos como Big Data nos permiten poder escuchar (y participar) permanentemente a nuestros consumidores, clientes y comunidades.

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