Madresfera Magazine 11 - Julio 2017 - Page 45

“Fui un hijo no educado ni domado por sus padres, sino alguien que creció libre e independiente y siempre asumí que debía devolverles de algún modo tanta felicidad y tanta libertad” El año pasado se cumplieron 20 años del estreno de ‘La buena vida’. Hace un par de números entrevistábamos a Lucía Jimé- nez, que nos hablaba de los re- cuerdos que le siguen quedando de aquel rodaje, que fue tam- bién su estreno ante las cáma- ras de cine. ¿Qué recuerdos te quedan a ti de aquella película, tu primera incursión en el cine como director? Yo había publicado ya mi prime- ra novela y había escrito otros guiones para películas, pero el hecho de ser la primera vez que dirigía un largometraje me llenó de responsabilidades y miedos. Tenía muy claro el guión y lo que quería contar, lo que más pánico me daba era esa serie de intermediarios técnicos que de pronto eran necesarios para po- ner mi historia en pie. Pero recuerdo a los actores, los desconocidos y los ya profesionales, como mis colaboradores indispensables. Fue un placer y un agobio al mismo tiempo, recuerdo ese rodaje como algo especial, porque siempre pensé que la primera película es la única que no puedes jamás volver a repetir. Tú, como Dani Mosca, el prota- gonista de ‘Tierra de campos’, también te llevabas muchos años de diferencia con tu padre. En tu caso por ser el menor de los 8 hermanos. ¿Se pareció en algo vuestra relación padre-hijo a la que representa el libro o tu padre poco tenía que ver con el de Dani? En la vertiente cómica, mi padre y yo hicimos viajes juntos, pasa- mos muchas horas de conversa- ción, pero siempre mantuvimos una relación irónica, sin apenas autoridad. Fue más un abuelo que un padre, porque tenía 53 años cuando yo nací y con apenas ocho años, mi hermano mayor murió y mis padres se vieron sepultados por la tristeza y el dolor y yo comprendí que debía buscar los márgenes para devol- verles algo de la felicidad y la plenitud perdida. Los hijos pequeños somos negociadores natos, creo que aprendí a entender a los demás y a vivir sin nadie encima que te dijera lo que tenías que hacer, lo cual te hace mucho más responsable y decisivo que todos los mecanismos de autoridad tantas veces tan mal representados por los padres. Para entonces imagino que tus padres ya habían aceptado que algunos de sus ocho hijos, empe- zando por Fernando, quisiesen dedicarse a algo tan abstracto y poco común en una familia humil- de como el cine. Intento imaginarme vuestra casa (de la que han salido tantos talentos) y a vuestros padres viendo el camino que tomabais… ¿Hubo entonces alguna frase estilo “hijo, nosotros somos gente normal”? No, quizá con mis hermanos mayores hubo esa prevención, pero para cuando yo tenía 20 años mis padres habían asumido que mi personalidad buscaba sus propios medios de expresión y jamás me sentí cuestionado o coaccionado a tomar un camino más convencional. Mis padres, como tantos otros, habían sido de alguna forma educados por sus propios hijos y yo me beneficié de ello. Eso me hizo sentir aler- gia de por vida al autoritarismo. Mis padres fueron adorados por mí porque me dejaron libre, estaban ya superados y quizá hasta vencidos por la vida, por las tragedias de la vida, y sentí que la responsabilidad de mi futuro era solo mía, y que a ellos solo les debía en- tregarles nuevos placeres y satisfacciones. Fui un hijo no educado ni domado por sus padres, sino alguien que creció libre e independiente y siempre asumí que debía devolverles de algún modo tanta felicidad y tanta libertad. Imagino que aquella infancia tuya, con siete herma- nos mayores y muchas generaciones conviviendo bajo el mismo techo, tuvo que ser muy rica, ya que habría muchas influencias, muchos gustos distintos y compartidos. ¿Se ha perdido hoy en día esa riqueza? Evidentemente, crecer en familias pequeñas, muy cerradas y jerarquizadas, hace perder esa libertad, sobre todo ese magma de información que era mi casa en cada reunión. Cuando educas a un grupo, los resultados y elementos problemáticos de cual- quier miembro se convierten en ejemplo para los que asisten, así que en cierto modo fui educado por la propia educación que veía representar en los otros, fui formado por la formación de los otros. Sé que es imposible que las familias españolas de hoy en día tengan ocho hijos, pero si tuviera que reducir a un solo símbolo mi vida y mi infancia sería precisamente eso, tener hermanos mayores que actuaban como padres y autoridades añadidas, y al mismo tiempo re- cibir toda la información acumulada por cada uno de ellos. Es la paradoja del dinero y la sociedad del bien- estar, tiende a lo cómodo y por lo tanto se pierde la tensión. Soy hijo de la clase obrera, de cierta miseria, y por eso soy como soy, ni tan siquiera yo he podido educar a mis hijos en ese modelo, pero he tratado de no perder nunca de vista lo que para mí es básico, la ausencia total de autoritarismo y la apuesta radical JULIO 2017 • mama • 45