Madresfera Magazine 11 - Julio 2017 - Page 100

MADREPEDIA Adoptar E n su primera acepción, el Diccionario de la Real Aca- demia de la Lengua Espa- ñola (RAE) define el térmi- no adoptar como “tomar legalmente en condición de hijo al que no lo es biológicamente”. Hablamos de un verbo que fue recogido por primera vez en un diccionario castellano en 1495, en el ‘Vocabulario español-la- tino’ de Antonio de Nebrija, y cuya primera aparición en la RAE data de 1726, dentro del ‘Diccionario de au- toridades’. Los orígenes del verbo, sin em- bargo, hunden sus raíces muchos si- glos antes en la historia. No en vano, el origen etimológico de adoptar se encuentra en el verbo latino adop- tare, del mismo significado, forma- do por el prefijo ad- (aproximación, asociación) y el sufijo -optare (de- sear, escoger, elegir). De forma que el verbo evoca etimológicamente 100 • mama • JULIO 2 0 1 7 un deseo, el de tener un hijo, el de ser padre o madre de un menor que no forma parte de nuestra descen- dencia biológica. Como decíamos, la acción de adoptar existe desde tiempos in- memoriales, estando acreditadas formas embrionarias de la misma tanto en Babilonia, como en Egipto o la Antigua Grecia. La adopción ganó en importancia durante el Im- perio Romano, donde se convirtió en una práctica muy habitual no ya solo para adoptar niños, sino también para hacer lo propio con adultos. A diferencia de hoy en día, donde el acto de la adopción implica una muestra de amor y generosidad, en la Roma antigua el verbo adoptar era más bien un acto de “egoísmo” propio de las clases medias y aco- modadas. En una sociedad en la que el culto a los antepasados falle- cidos estaba muy instaurado, morir sin descendencia, sin nadie que te rindiera homenaje a ti y a tus ante- pasados, era considerado casi una desgracia, así que la adopción mu- chas veces buscaba mantener vivo ese culto, ese recuerdo. Durante el Imperio Romano la adopción también fue utilizada de forma habitual por los empera- dores para elegir a su sucesor. En contra de lo que sucede hoy en día con los Reyes, que son relevados en el cargo por sus hijos, los empe- radores elegían como sus suceso- res a aquellos a quienes ellos con- sideraban más preparados para el cargo, sin necesidad de que éstos fuesen sus hijos o descendientes directos. A esas personas, llegado el caso, las adoptaban legalmente para asegurar su sucesión al frente del Imperio.