Historias de vida ZIKA Soledad | Page 14

hay que ponerle un marcapasos en su corazón, hay unas válvulas tapadas y necesitamos ponerle un marcapasos, y tu hija no responde, hay un pulmoncito que no le responde, entonces el pulmoncito que �ene está funcionando por los dos, o sea Mariana está muy complicada”. Episodios como este se repiten en la vida de Mariana, algo que pone al límite a Ana, quien ya muchas veces ruega: “Dios…llévatela, llévatela entonces, porque si me la vas a dar para que ella sufra, mejor llévatela, qué más le va a salir a mi hija, entonces si no la vas a dejar bien, entonces llévatela y ya…. Me vas a dejar un vacío a mí, pero llévate a mi hija”. La dedicación permanente al cuidado de Mariana, no le deja mucho �empo a Ana para su otro hijo Mateo, quien dice su madre la ama mucho: “Él la ve, él la besa, la carga, cuando ella empieza a convulsionar me dice mamá se muere, corre, se muere la niña”. Mateo ahora vive con un gran amigo quien decidió hacerse cargo de él, mientras este duro momento se resuelve: “Mi hijo se apegó tanto a ellos, y no es sangre, no es familia, pero ellos se ganaron el amor de mi hijo..., le dice papá” Entre tanto Mariana no asiste a ninguna terapia, sigue con problemas en cuanto a la afiliación al sistema de salud, Ana ha tenido que entablar acciones legales con pocos resultados, incluso demandó a la estación de servicio del abuelo de su hija, quien la despidió sin justa causa cuando aún sin saberlo estaba embarazada, con ello logró una insignificante suma de $10.000.000 que poco ayudaron a resolver sus afujías económicas, las cuales empiezan por tener que comprar por sus propios medios la carbamazepina, para ayudar a menguar el estatus convulsivo en que se encuentra sumida su hija. Vivir con su hermana tampoco ha sido fácil, no ha encontrado el apoyo y la solidaridad que esperaba, para empezar su hermana no tolera a Mariana y hasta le ha insinuado que se vaya de la casa, a pesar que ella dedicó gran parte del dinero obtenido en la demanda a mejorar las condiciones habitacionales. Ana ha recibido el apoyo que desde Profamilia se le ha podido brindar en el marco del proyecto Zika Packard, al que llegó por mera casualidad, y por esa voz a voz que suele correr entre las comunidades pobres y vulnerables. Allí encontró un espacio para compar�r su historia como medio de sanación emocional, los espacios psicoterapéu�cos le han ayudado a alivianar su carga, a una mujer que siente que la vida todo se lo ha negado y que ha contemplado el suicidio como un medio para apagar su intenso sufrimiento. También fue la oportunidad para colocarse un implante subdérmico, no había podido acceder a este servicio por la falta de afiliación al sistema de salud, sin embargo, ingresar al proyecto fue ver la posibilidad de u�lizar un método seguro que le permi�era estar tranquila y no sumar a las estadís�cas de las mujeres con embarazos no deseados. Decisión que obtuvo toda la crí�ca de su madre, bajo el argumento que ella si ni siquiera tenía novio para qué quería ponerse ese “adornito”. En este momento los sen�mientos de impotencia aumentan, por no poder ayudar a su hija, no poder sacarla a un parque, no poder sen�r su voz, sus abrazos, no poder verla sentándose o caminando o que le diga mamá. Le duele que Mariana convulsione permanentemente, que no tenga nada para darle de comer; que no la ha podido afiliar al sistema de salud, que ha enviado hojas de vida y buscado empleo por todas partes, con la esperanza de labrar un futuro mejor y nada le resulta; por eso ahora con toda firmeza no le recomendaría a ninguna mujer: “QUE TENGA UN HIJO ASÍ, LA VERDAD NO”.