Fiancee Bodas & Eventos Revista Digital Fiancee Diciembre 2016 - Page 27

Nunca puede ser solución para la falta de amor, el romper definitivamente una historia que siempre puede volver a partir con nuevas velas hacia mares todavía desconocidos.   U na de las cosas más difíciles de definir es el concepto de “salud”. Bajo esta palabra caben ideas tan distintas como la de ausencia de dolores, perfecto funcionamiento de todos los órganos, armonía entre los niveles corpóreo y psíquico, etcétera. A cada definición podemos contraponer muchas preguntas y, así, lo que podríamos considerar “salud” se convierte muchas veces en algo subjetivo, en un modo de sentirme bien, de creer que estoy en forma... Lo que sí está claro es que hay enfermedades o anomalías graves que, antes o después, llevan al colapso total, llevan a la muerte, aunque uno piense que vive mejor que nunca. A la medicina le corresponde, siempre que sea posible, encontrar una solución a estas situaciones de gravedad, y es por ello que no sin razón hay quienes consideran al médico como un protagonista central de la vida de muchos hombres.   Habrá enfermedades del cuerpo que pueden exigir el corte, la amputación, de una parte del organismo. La gangrena y el cáncer, por ejemplo, exigen intervenciones drásticas, que conllevan dolores y molestias de todo tipo. La supervivencia, sin embargo, justifica tales sacrificios, pues es mejor caminar cojito que estirar demasiado la pierna... Otras veces, gracias a Dios, la curación será mucho más sencilla, pero no por ello menos necesaria. Hay que ir al médico, hay que dejarse ayudar.   Es posible, en este contexto, hacer una pequeña analogía entre la vida matrimonial y la salud. Y es que un matrimonio, como cualquier cuerpo sano, puede sufrir enfermedades. Lo cual implica que habrá “terapias” para una pareja “enferma” en su unión conyugal, que existirán “médicos” (consultores familiares, psicólogos, amigos, sacerdotes, etcétera) que puedan devolver la “salud” de un matrimonio en crisis.   En el matrimonio se dan enfermedades de diversa envergadura. Desde esos pequeños roces de todos los días, donde papá y mamá discuten sobre si hay que dejar a los hijos hacer esto o lo otro, o si conviene comprar una nevera más grande o más pequeña, hasta esos momentos de mayor tensión en la que parece que ninguno quiere ceder y que el otro tiene toda la culpa. Los momentos más álgidos pueden llevar a insultos, al cierre de todo diálogo, incluso a la salida de él o de ella para pasar varios días en casa de otros familiares o amigos. Una situación de máxima tensión puede desembocar en la división profunda de la familia, en los tristes procesos judiciales para ver quién se queda con los hijos, en peleas por el dinero de la cuenta corriente o por la posesión de la casa hasta hace poco compartida, etcétera. El drama de esas situaciones sólo puede ser apreciado por quien ha caído en las mismas. A nadie le gustaría encontrarse en  un infierno de FIANCEEBODAS.COM 27