Fiancee Bodas & Eventos Revista Digital Fiancee Diciembre 2016 - Page 22

los enemigos, amar a los de lejos y a los de cerca. También aquí el ejemplo es fundamental. Llama por teléfono un familiar pesado. ¿Qué dice mamá cuando termina de hablar? “¡Qué pesado!” O, más bien: “Hemos de pensar una manera para ayudar a Fulano, pues se encuentra en una situación difícil”. En la calle, una pandilla ha molestado al más pequeño de los hijos, y el “grande” está dispuesto a vengarse. Papá y mamá reúnen a todos, abren la Biblia, y leen la historia de David que no quiso vengarse de Saúl. En el trabajo han despedido a muchos compañeros de papá o de mamá. Y, en seguida, la familia empieza a pensar si pueden hacer algo para ayudar a alguna familia que viva en una situación más difícil, que tal vez incluso pase hambre. En televisión vemos, otra vez, violencia y guerrilla en Tierra Santa o en 22 FIANCEEBODAS.COM algún otro lugar del planeta. Antes de que nadie pueda acusar a unos o a otros, papá invita a todos a unirse en la sencilla e inmensa oración del Señor: Padre nuestro... Los ejemplos se podrían multiplicar hasta el infinito. Lo importante es ese aire cristiano que se difunde desde los padres hacia los hijos cuando la fe, de verdad, es lo más importante en casa. Si los padres se preocupan mucho por el dinero, o por las vacaciones, o por el club para el descanso, o por las películas que van a ver, es claro que los hijos serán, en una mayor o menor escala, reflejo de esos intereses. Si, en cambio, los padres buscan ser fieles a su matrimonio, tienen detalles de cariño y de amor para con Jesucristo y con la Virgen, saben perdonar (y perdonarse) y no dejan pasar ocasión para ayudar a alguien (empezando por el hijo que no sabe cómo resolver un problema de matemáticas), es muy natural que la fe pase, fluya, llegue, al corazón de los hijos. Algunos hemos tenido ocasión de encontrar padres desesperados, porque sus hijos son borrachos, o drogadictos, o simplemente perezosos de primera división. Pero también hemos conocido padres que viven con una paz especial, pues creen en Dios y han sabido, con sencillez, sin presiones, con alegría, comunicar esa fe entre los pequeños de casa. Los hijos, cuando crecen, miran con una gratitud infinita a quienes les han dado algo mucho más valioso que el oro o que la diversión: el amor a Dios y la pertenencia a la Iglesia católica que Cristo fundó para salvarnos y para compartir la alegría que sólo Él nos puede dar. * Padre Fernando Pascual, L.C., en Catholic.net, portal de formación e información católica. Comentario al autor: fpa@arcol.org Más información: http://es.catholic.net/