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y por último el más conocido, el tiburón zorro común (Alopias vulpinus) que es una especie de amplia distribución –aun- que se localiza más en latitudes altas– por lo que es considerada cosmopolita, y cerca de nuestras aguas marinas se le encuentra en el Atlántico occidental desde Florida al Golfo de México y en el Pacífi co oriental desde la Columbia Británica hacia el Ecuador. Sorprendentes coincidencias y diferecias Como lo mencioné al principio, estos tiburones tienen una fi sonomía carac- terística: el lóbulo superior de su aleta caudal es muy prolongado, en forma de guadaña, la cual nos recuerda a un látigo o cola de zorro, que llega a medir casi la mitad de su longitud total. Esta elongada cola les sirve para acorralar, desorientar y aturdir a sus presas usándola a modo de látigo con el cual las golpea. Este grupo también comparte otros rasgos anatómicos pues son tiburones grandes que llegan a medir hasta seis me- tros de longitud, de cuerpo cilíndrico hi- drodinámico, tienen cinco pares de aber- turas branquiales, cabeza corta y ojos sin membrana nictitante (también llamada “tercer párpado”) situados delante de las comisuras bucales, además del tamaño de la aleta caudal. A pesar de sus coincidencias, cada especie cuenta con rasgos morfológicos distintivos. El tiburón zorro pelágico tiene fl ancos oscuros, la región abdominal es blanca pero el color no se extiende por en- cima de las bases de las aletas pectorales, las cuales son casi rectas, su largo hocico En general los tiburones zorro son pelágicos, es decir, nadan en mar abierto, pudiéndose acercar a la costa en busca de fondos coralínos, plantas o algas marinas, con el fi n de alimentarse no es aplanado y su boca es pequeña y curveada, tiene ojos grandes, sus branquias no tienen branquiespinas, su primera aleta dorsal es alta, grande y vertical y sus aletas segunda dorsal y anal son diminutas. El tiburón grillo u ojón, es el que ofrece un diseño corporal más extravagante, par- ticularmente de la cabeza, pues el adulto y el embrión tienen un surco horizontal prominente, que se prolonga hacia atrás desde las aberturas branquiales, y care- cen de surco labial. Diversos estudios de telemetría han demostrado que pasa gran parte de las horas diurnas en las profundi- dades marinas donde el agua ronda los 6 a 12 ºC, por lo que sus enormes ojos están adaptados para ver en estas zonas, y su peculiar disposición –extendidos hacia la parte superior de la cabeza–, le permite detectar a sus presas desde abajo, recor- tadas contra la superfi cie, y mientras nada lentamente camufl ado en el fondo del mar, el color oscuro de su dorso (pardo oscuro de juvenil y grisáceo de adulto) con el blanco crema en la parte del abdomen, 17