Blablerías N°6 - Julio 2013 - Page 13

Literatura

para leer

El siglo XX trajo nuevas miradas sobre el sujeto social, los roles de hombres y mujeres en la sociedad, y nuevas representaciones de infancia. Estos cambios culturales y políticos abrieron el juego a una literatura para niños diferente, más amplia, menos moralizante. El siglo XX valorizó en Europa la obra literaria de Lewis Caroll, Mark Twain, y permitió el nacimiento de la obra literaria de Michael Ende, Gianni Rodari, Roald Dahl, Juan Farías, Christine Nöstlinger. Los personajes de estos autores tienen modalidades propias, y van construyendo una galería de nuevos héroes, como Alicia, Bastián, Matilda, Gretchen.

¿A qué llamamos héroe o heroína? Es un concepto forjado en los grandes mitos en los que un HÉROE debía asumir una tarea, atravesar dificultades, hasta encontrar una solución a un problema individual o colectivo. Todos recordamos a David enfrentando a Goliat. La lucha entre el Bien y el Mal, que varía en los diferentes contextos culturales que nos va dejando la historia de la humanidad. Pensar en los niños y niñas como protagonistas que defienden en el texto ficcional una idea, un lugar en el mundo, un camino para salir adelante, es mirar a la infancia desde otra perspectiva, la de considerarlos personas, sujetos sociales que tienen ideas, propósitos, y seguramente, su propio camino de crecimiento hasta lograr la plenitud de sus deseos, de sus proyectos.

Los héroes infantiles pueden ser muy pequeños, como el personaje de “¿No duermes Osito?” cuento de Martín Wadell, con ilustraciones de Bárbara Firth, Editorial Kokinos (1988). Es sin duda una obra emblemática que nos da muestras de estos cambios en la década del 80´. La anécdota es sencilla: un Oso, un Osito que no se puede

dormir, un abrazo contenedor que resuelve el temor a la noche, común en la mayoría de los niños pequeños y tal vez, no tan pequeños.

Y pueden ser algo menos pequeños, aunque no tanto como ocurre en el cuento de José Saramago, “La flor más grande del mundo” (Alfaguara, 2001). El tema coloca en la infancia una problemática que pareciera pertenecer al mundo adulto: salvar al mundo de su decadencia. Una flor decae, languidece, y las imágenes muestran en sus pétalos dibujos de mapas, una especie de geografía impresa en la flor. Un niño sale de su hogar para salvar la flor, que necesita agua para volver a vivir. Y el agua debe obtenerla el niño de la historia recorriendo difíciles caminos. Se convierte en un héroe cuando logra salvar la flor, que ahora todos sabemos que es el mundo, nuevo mundo desabastecido de amor, de solidaridad, de héroes que quieran salvarlo. Esta historia nos remite al tema que nos ocupa: algunos libros alteran y comprometen al lector al desafío del crecimiento, del rol protagónico y a salvarse, valga la palabra, a sí mismo de la inercia y el distanciamiento de los problemas que afectan a la humanidad.

NUEVOS

HÉROES

Y HEROÍNAS

por Lidia Blanco

Especialista en Literatura Infantil y Juvenil

* 9