Blablerías N°12 - Octubre 2014 - Page 18

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por Marita von Saltzen

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Tokio, 1828. La gente va y viene, entra y sale de los comercios. Una bicicleta manejada por un hombre de unos cuarenta años circula por la calle esquivando a los otros vehículos.

En una esquina, junto a una tienda cerrada, el ciclista se detiene. Sobre una caja que lleva en la parte de atrás, arma un pequeño teatro de papel, un kamishibai. Toma unas maderitas unidas por un cordón, sus hyoshigi, y las golpea rítmicamente para hacerlas sonar. En unos minutos, se encuentra rodeado por más de quince niños. Entonces el hombre ofrece los dulces que vende. Los compradores pueden ubicarse más adelante para escuchar su historia, la que va a desarrollar en su teatrino de madera, el butai.

Los chicos, ya casi treinta, escuchan fascinados el cuento, se asombran con las láminas que el narrador va deslizando una tras otra, y gritan de miedo o ríen a carcajadas. El kamishibai, tan sencillo y tan mágico a la vez, les resulta irresistible.

l kamishibai nació en Japón a fines de los

años 20, en los barrios más concurridos de Tokio, y ha estado presente en los acontecimientos más importantes de la historia de ese país, como en la II Guerra Mundial.

En la década del 30, miles de desocupados procuraron su sustento vendiendo dulces y un

buen modo de atraer clientes era contar cuentos en las esquinas, con su pequeño teatro portátil.

Cada imagen no solo mostraba una escena de la historia, sino que también tenía el texto escrito atrás por si el narrador lo olvidaba. Él solía dividir la historia en capítulos que continuaban al día siguiente, para que su público regresara, Uno de los héroes legendarios japonenses nació en el kamishibai y fue “Ogon Bat” o “Golden Bat” (Watanabe).

Después del kamishibai callejero, surgió el educativo (iniciativa de Gozan Takahashi en 1935) como técnica de enseñanza, tanto para niños como para adultos.

La televisión, que se hizo popular a finales de los 50, recibió al principio el nombre de denki kamishibai (kamishibai eléctrico), pero lamentablemente hizo que el kamishibai callejero desapareciera. No pasó lo mismo con el educativo, que se desarrolló más aún en los jardines de infantes y en las escuelas primarias, sobre todo.

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Pepe Cabana Kojachi

Narraciónón

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Museo Representativo de Kamishibai

Música japonesa para relajación

por Marita von Saltzen

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