Blablerías N°12 - Octubre 2014 - Page 17

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los pañales y hacer de comer”. Pedacitos de infancias recogidas en cada cuento, desde cada narrador. Formas de mirar el mundo. Memoria oral y escrita. Un abanico de significaciones, sentires, que nos convocan durante siete días y mil y una noches a sorprendernos, pensarnos y emocionarnos junto a otros. Un cónclave de pedacitos de patria en donde conviven fantasía y realidad: mares de mariposas, brujas buenas, abuelos piratas, seres que vuelan, pícaros entrañables, castillos de arena, princesas ratonas, caracoles valientes, ratones que luchan hasta lo indecible, muertos que nos persiguen, gallos engreídos, a-cuentos, princesas atrapadas en ranas, conejos astutos, piojos que se enamoran y así hasta el infinito. Porque si hay algo que anida en los cuentos es el reino de lo posible. 

En los cuentos de hadas, siempre hay un ogro, pero es vencido. Creemos en esas historias y en que hay que decirles a los niños: “Pasarás por bosques oscuros, pero vencerás”.

Es probable que el secreto del éxito de ciertas producciones resida en el hecho de pensar que el arte además de ser un derecho insoslayable, debe ser un acto de libertad. Desde esta firme convicción nació hace siete años el Festival Tutú Marambá. Desde el pie. 

En un mundo en donde la fantasía está desprestigiada y la física dice que todo es apariencia, uno entonces se pregunta: ¿Para qué sirven los cuentos?

Los que hacemos este festival entrañable, pensamos que sirven para pensar, para crecer, para crear otros mundos posibles. Pensamos también que la realidad está hecha de todos esos trocitos de infancia y de pensamiento que viven en los cuentos de aquí y de allá y es lo que podemos y debemos contar. No estamos seguros de nada, pero tenemos certezas en lo que podemos contar; por eso es tan importante tomarnos un tiempo para contarnos

En Misiones

para leer

Fotos:

Silvina Sisterna

“Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”

Los finales de fiesta no deberían existir pero lamentablemente existen.

Uno se queda como en soledad, con el eco de voces diferentes que nos acunan durante muchos días…”Duérmase mi niño que tengo que hacer, lavar los

quiénes somos, de dónde venimos, para re-cordar (recordis: pasar por el corazón) y para construirnos. Para contar nuestra propia historia y también la del universo.

Gracias a todos por celebrar esta fiesta. Hasta el año que viene.

Somos misioneros

Jorge Suligoy