Blablerías N°12 - Octubre 2014 - Page 14

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HOMBRE - ENVASE

Cuento

por Sergio Martínez

Lo trataron como envase. Si bien era un hombre, lo intimaron a pensarse como un hombre hecho para ser llenado.

Vertieron en él, dosis de dioses y demonios verdes, suspiros e ideas completas, fugaces momentos de creatividad y algunas esquirlas de felicidad, en proporciones correctas y medidas. Pusieron algunos sabores y saberes, fórmulas concentradas de placeres, pequeñas dosis de bellas artes y de otras emergentes. Ocuparon vasto espacio con culpa, obligaciones y deberes. Educación, recicladas morales, buenos modales, protocolos y ceremonias, en medidas consecuentes con los dogmas de estandarización e industrialización vigentes, en vínculo directo con su modelo-matriz, de su serie y procedencia.

Lo cerraron al vacío y en el vacío. Apilado, sugerente y publicitado. Susurraron a su lado que llegaría el día de ser vendido, y entonces sí, podría volcar, fluir, manar, brotar, surgir. Y así simplemente deduciría el sentido y las significaciones de la naturaleza de su destino.

Igualmente no podía dejar de anhelar, de aspirar en sueños, en la lóbrega noche de la espera, que el azar, el error o alguna injusticia del albur hiciera suceder el milagro de convertirse en lucrativo, consumido, utilizado, útil para alguien. Soñaba con ser en todo su potencial, acompañado por el universo que tenía adentro. Miraba a su lado la cantidad de hombres iguales o similares, prolijos y ordenados, con sus secuencias en filas y sus códigos de barras que, en marcial espera, solo cumplían y esperaban dócilmente el momento.

No soy el único, pensaba, y se apaciguaba: somos cientos de miles. La satisfacción de sentirse repetido hasta el infinito, le devolvía cierto grado de esperanza.

De pronto, la demanda de los otros, de aquellos

que nunca siquiera había visto, los hizo variar, mutar, por normas y leyes propias de su dinámica de fluctuación o el simple devenir. Fue inútil entonces no solo como envase; también sus contenidos quedaron al margen de lo necesario, fuera de la temporada, de los tiempos, de los mercados y de las tendencias.

Yace, en este momento, en la bodega de los desclasificados. Sus contenidos se derraman, en charco de espesa sangre violácea; inertes, caen a su lado en candencia perenne, interminable y lenta.

Hubiera correspondido escuchar los profundos intentos de su espíritu. Debía haber oído sus destemplados desmanes, como manotazos, buscando una oportunidad. Debía haber roto, salido, escupido, o tal vez simplemente explotado, manchando con su intestinal explosión tanto falso e ilusorio mandato. Todo esto, cuando el tiempo de su presente lo señalaba.

No pasó nada de eso. No hay premio, ni ventaja. Nunca será otro.

Sobre el arcoíris

Lolita Torres