Blablerías N°10 - Abril 2014 - Page 13

Narración

para leer

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del ayer, porque sólo se puede contar lo que ya es memoria. De cómo emplee el narrador el lenguaje, de su acierto en la selección de sus palabras, de su atinado proceder en la formulación de sus frases, en el sonido, forma y coloratura de sus cadenas lingüísticas, del hechizo ondulante del fuego que lo anima y se evidencia en la palabra, devendrá la legitimidad que los otros le otorguen. Y de esta legitimidad que los otros, voluntariamente acepten y den, también surgirá la potencialidad del narrador para cambiar el curso no sólo de su historia, sino de la historia de aquellos con los que ha compartido la palabra y que, por medio de ella, se constituirán en una comunidad que tejerá imaginarios colectivos para enfrentar sus realidades.

Dice Jodorowsky: “La belleza es el límite máximo al que podemos acceder a través del lenguaje. No podemos alcanzar la verdad, pero podemos aproximarnos a ella a través de la belleza”. Entonces, si al revivir un hecho, una historia, o darle vida oral a un texto se construye una realidad, también se está informando cómo es que las declaraciones de esa historia cambiaron la vida de los involucrados en el acontecer de la trama que se comparte, y que finalmente también habrá de cambiar la historia de los oyentes, que inevitablemente habrán de atesorar en su memoria, la simpatía o aversión que les despertaron los personajes de una trama.

De ahí que el narrador, con sus procedimientos de pintor de palabras, con sus artes de prestidigitador del verbo, convierta a los espectadores en testigos de primera mano de todas las implicaciones en que incurrieron los personajes por sus declaraciones.

Que pinte pues el narrador… Que pinte con palabras, con ritmo, armonía, sonido y color en ellas, que las enriquezca con coloraturas que otorguen calidez, luminosidad, sonoridad a su relato, pero que sepa escoger también colores cuya opacidad, falta de brillo o nebulosidad, logren que el oyente visualice un cuadro maestro en su retórica, los claroscuros del alma humana, porque el narrador es también un poeta, y no escapa a lo que Huidobro plantea en su Arte Poética: “Que el verso sea como una llave/ que abra mil puertas./ Una hoja cae; algo pasa volando/; cuanto miren los ojos creado sea,/ y el alma del oyente quede temblando./ Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra…”

María Eugenia Márquez Sánchez

Marzo 19 de 2014.

Zacatecas, Zac.

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