Agenda Cultural UdeA - Año 2012 MAYO - Page 25

ISBN 0124-0854 Nº 187 Mayo de 2012 Bogotá clara y escueta. A diferencia de los oráculos griegos y de los métodos adivinatorios donde El eco de la sombra (2005) Con dos materiales tan fugitivos como el eco, sombra de las palabras dichas y escritas, y la sombra, eco del cuerpo, el Teatro de los Sentidos ha creado un juego que, inspirándose en el cuento “La sombra”, de Hans Christian Andersen (con motivo del bicentenario de su nacimiento), conduce al público ante una enigmática y aventurera presencia: lejos de querer seguir pegada al cuerpo del viajero un segundo más y después de revelársele como un ser dotado de vida propia, se escapa en pos de sus sueños un instante. El viajero habrá de seguirla a través de los bosques, los claros, las vueltas y los caminos de un laberinto de telas que, al paso de la sombra fugitiva, quedan impregnadas de su olor o retienen su aleteo, indicios claros de que se halla cerca. La sombra querrá que el viajero la alcance y el viajero querrá alcanzarla. Distanciándose la pitonisa interpreta el hado, en este elaboradísimo juego teatral laberíntico quien se hace la pregunta encuentra la respuesta en el propio curso del juego (o atando cabos después), sin que nadie se la sugiera, ni mucho menos se la imponga. Para eso, debe de recorrer un dédalo de túneles umbrosos que desembocan en cámaras habitadas por criaturas extrañas, seductoras o ensimismadas, estar atento a sus indicaciones y entregarse a cuanto suceda. … Solo en la oscuridad, orientado por luces y sonidos sutiles, el espectador, más bien viajero expectante, avanza, se estanca en los remansos y en ocasiones retrocede desorientado. Cada cámara, construida con telas, cuerdas, maderas, arena y materiales orgánicos, es una instalación artística inspirada en los diversos arcanos del tarot. mutuamente, ambos giran por el laberinto en el sentido de un signo de interrogación: ¿cómo es posible que siendo uno y el mismo, el viajero y su sombra sean dos? Los actores tienen presencia, agudeza y un sexto sentido que les permite intuir y tratar a cada cual según su condición y carácter. Se mueven como animales nocturnos. Entre ellos, comparten un elaborado sistema de señales Oráculos (2006) Quien no sabe lo que quiere, no entiende lo que encuentra. Para entrar en este laberinto hay que formularse una pregunta personal acústicas con el que se avisan cuándo entra alguien que requiere especial cuidado (Javier Vallejo, El País, 4 de marzo de 2011). Si bien es cierto que, lastimosamente en el