Agenda Cultural UdeA - Año 2011 NOVIEMBRE - Page 28

ISBN 0124-0854 Nº 182 noviembre de 2011 —Los hombres no mueren para siempre; los hombres en sueños se repiten, musitó el rey .5 rebeldía suprema, lanzó a la tarima su inconformidad. La multitud sacó en hombros al rey sin corona y durante tres días lo aclamó. En tanto, Lisandro innovaba para el interior del país y para el mundo; pero, en lo profundo de su ser musical, los sonidos añejos del fuelle trashumante pedían su tributo. Entonces el rey, recogido en los meandros de su Sabana, tocaba y cantaba como en La Armenia, como en las corralejas de Magangué. Así fue que en el año 68, con su Conjunto de caja y guacharaca su sentimiento cantó: —Al final no hubo entendimiento con la disquera en el asunto de los créditos, dijo con cierta pesadumbre. Colombiano canta colombiano Vallenato canta vallenato Y con las notas “pegadas” de El saludo y ¡Upa ja!, siguiendo los pasos del maestro, arribó a la ciudad de los Santos Reyes de Valledupar. El rey iba por la corona. “De música de Colombia la que canto es la vallenata / es extenso su folclor como su tierra, querida patria”, cantaban los vallenatos haciéndole coro al sabanero que, con estirpe de ganador, iba dejando atrás a sus adversarios, uno a uno. Cuando en aquella noche brumosa se produjo el inesperado fallo del jurado calificador, el pueblo dejó de cantar, y en un acto de Doce años permaneció Lisandro como artista de Fuentes. La decisión de cerrar este capítulo de su vida profesional llegó cuando ya hacía “rancho aparte” con aquellos músicos que antaño, de a pie, habían trajinado con él por los caminos, a veces inciertos, de su patria. Comenzó nuevamente el “vaya y venga” con los empresarios. hombre Un día cualquiera, hasta un Los El rey retornó a la casa grande de Los Palmitos, y en los diez años siguientes se ocupó de entregarle al mundo la inagotable gracia de Los Corraleros. En 1978, cuando se retiró, tenía en su haber 41 discos de larga duración. interesado llegó Palmitos en busca del veterano músico. Se encaminó hasta la casa grande y, para sorpresa suya, lo que encontró fue un montón de “pelaos” haciendo una música que de entrada lo transportó a la rueda de la cumbiamba, del fandango…