Agenda Cultural UdeA - Año 2011 NOVIEMBRE - Page 25

ISBN 0124-0854 Nº 182 noviembre de 2011 En uno de esos días calurosos de enero, Lisandro tocaba en una corraleja en Magangué, cuando los músicos Roberto y Carlos Román lo abordaron: —Lisandro queremos que tú seas el acordeonista de Los vallenatos del Lisandro Meza y sus alegres muchachos recorrieron el nuevo mundo que, pródigo, se abría a sus pies. Los contratos eran la nueva forma de extender la música y Lisandro aprendía a negociar con los empresarios. De la Feria de Cali lo solicitaron. —Fue un viaje de fantasía, recuerda Magdalena. ¿Qué dices? Halagado por la deferencia, pues se trataba de suplir al gran Aníbal Velásquez, aceptó gustoso y comenzó así su carrera como músico de cartel; ahora integraba una agrupación con nombre estelar. Durante un año recorrieron pueblos y ciudades. En Barranquilla se reveló para él otro mundo, otras inquietudes nacían en el seno de la música, y el ya Lisandro. Abordaron en Ciénaga “el diablo” aquel “que llamaban tren”, y, parapetados en sus escurridos vagones, se impregnaron del color de los pueblos, del aroma de los campos, de los nuevos sonidos de los atardeceres. Sin embargo, lo más sorprendente, después de hacer bailar fandango a los caleños, sucedió en La voz del Río Cauca; allí, entre la admiración y el mutuo reconocimiento, alternaron con el gran señor mexicano Pedro Vargas. —Cada uno hizo lo suyo. Tocamos en Cali y nos escucharon en toda la Costa ¿te imaginas cómo fue eso? experimentado acordeonista estaba a la altura. Fue cuando un ritmo foráneo, la guaracha, retó su talento. En el mercado, el acetato tomaba cada vez mayor fuerza, y los discos de 78 revoluciones estaban a la orden del día. Juan Velásquez, hermano de Aníbal, cambió con su toque de caja el sabor del bongó cubano, y Lisandro adaptó su estilo. Así, en 1962, se grabó en Colombia la primera guaracha en A paso seguro, un rey conquistaba el interior del país. Después de compartir escenario con el bolerista Leo Marini en La voz de Antioquia, la firma Posada Tobón lo contrató como artista acordeón, titulada Adiós Dolores. Con esta innovación vino la fama y Lisandro, visionario, armó su propia agrupación.