Agenda Cultural UdeA - Año 2010 NOVIEMBRE - Page 24

ISBN 0124-0854 Nº 171 Noviembre de 2010 Biblioteca Angélica de Roma, Italia central que controle la lectura ha sido una preocupación de los escritores. El libro, hasta ahora, nos hace libres y leer lo que queremos, en términos de Michel Foucault, es un acto de resistencia. Así que una central en red que controle contenidos y lectores es el objetivo de cualquier sistema. Y esta central es posible con el libro electrónico y el soporte que utiliza. La melancolía del libro de papel Decía Umberto Eco que se debe regresar a la caligrafía porque apretar teclas no enseña a escribir sino a digitalizar. La escritura, que es una manera de dibujar, es una ordenadora del cerebro ya que uno, escribiendo a mano, se obliga a crear la letra, la palabra y la frase, siguiendo un ritmo de motricidad fina. Con las teclas y los dedos que digitalizan, el reto de trazar líneas y darles un sentido, crear una situación en que la destreza (la habilidad) es reemplazada por una maquinización, afecta nuestra estima (en términos primarios nos consideramos seres útiles). De igual forma sucede con el libro tradicional, que hasta el momento nos ha obligado a mirar sobre una superficie, inclinando la cabeza, y usar los dedos para ir de una página a otra, así como manejar un objeto para señalarlo o usar los mismos dedos para doblar la página en la que se va. Este libro tradicional, que contiene el ritual de la lectura, también es un elemento que ocupa un espacio y determina la función del sitio donde se encuentra. El libro electrónico, en cambio, es un objeto que contiene dentro una buena cantidad de lectura, pero no un lugar. Y si bien se puede llevar con uno y hasta leerlo de la manera tradicional, al caer al suelo puede arruinar el total de una biblioteca y ni hablar si se humedece. Y al tiempo, al ofrecer tantos títulos en un solo