Agenda Cultural UdeA - Año 2009 JUNIO - Page 11

ISBN 0124-0854 Nº 155 Junio de 2009 símbolo, a cuya protección espiritual se acogen quienes creen en algo que tampoco es de este mundo, pero que aún nos mira desde la tribuna incontestable de la historia. Una historia que amasa sus héroes postreros y los pone en pedestales que presiden plazas y calles o los entroniza en cartillas y manuales escolares desde donde aleccionan con un desinterés y con una santidad que ponen en el mismo plano a deidades hieráticas y a superhéroes de cartón. La imagen, por lo que revela a los ojos y por lo que a la vez oculta, prevalece y se impone como arte. Elso, como dijo Gerardo Mosquera, ha practicado con este objeto, amasado con su propia sangre, con sus cabellos y sus uñas, con piezas dentro de la oquedad que tiene el muñeco por todo corazón, un retorno hacia la fusión del arte con la magia, la religión y la mitificación de los medios. Si la fotografía de Korda supone la oposición entre presencia y reproducción, entre evidencia y evocación, la obra de Elso acentúa la vida imaginaria propiciada por la carne misma del mediador, quien, al modo de los rituales, carga su obra con las partes del cuerpo de la víctima o el objeto del ensalmo. Que el objeto comunique o no comunique no es culpa de la imagen, sino de la idea limitada del arte que tenemos, ciega para lo que no esté en la superficie estética. Por supuesto, que los pies del exvoto se desgasten hasta ser la negación de la cobertura de tierra que los revela como materia humana es el precio que se paga por los dardos que, desde el enemigo, se hunden en la carne. Si en los ensayos de Martí se confirma una vez más el principio de que autor y obra son consubstanciales, los objetos de Elso son, en el arte, su materialización sensible. **** Alexis Leyva -Kcho- (1970), La conversation, 2005, instalación compuesta de sillas, mesa, remos, lámpara y radio, altura: 310 cm.