Agenda Cultural UdeA - Año 2007 OCTUBRE - Page 31

ISBN 0124-0854 Nº 137 Octubre de 2007 A las cuatro, las mesas se plegaron como grandes mariposas y volvieron a entrar en los paneles de la pared. “Cuatro y treinta”. Las paredes del cuarto de los niños brillaban. Aparecían formas de animales: jirafas amarillas, leones azules, antílopes rosados, panteras lilas que daban volteretas en una sustancia de cristal. Las paredes eran de vidrio. Se llenaban de color y fantasía. El rollo oculto de una película giraba silenciosamente, y las paredes cobraban vida. El piso del cuarto parecía una pradera. Sobre ella corrían cucarachas de aluminio y grillos de hierro, y en el aire cálido y tranquilo las mariposas de delicada textura aleteaban entre los fuertes aromas que dejaban los animales... Había un ruido como de una gran colmena amarilla de abejas dentro de un hueco oscuro, el ronroneo perezoso de un león. Y de pronto el ruido de las patas de un okapi y el murmullo de la fresca lluvia en la jungla, y el ruido de pezuñas en el pasto seco del verano. Luego las paredes se disolvían para transformarse en campos de pasto seco, kilómetros y kilómetros bajo un interminable cielo caluroso. Los animales se retiraban a los matorrales y a los pozos de agua. Era la hora de los niños. “Las cinco”. La bañera se llenó de agua caliente y cristalina. “Las seis, las siete, las ocho”. La vajilla de la cena se colocó en su lugar como por arte de magia, y en el estudio hubo un clic. En la mesa de metal frente a la chimenea, donde en ese momento chisporroteaban las llamas, saltó un cigarro, con un centímetro de ceniza gris en la punta, esperando. “Las nueve”. Las camas calentaron sus circuitos ocultos, porque las noches eran frías en esa zona. “Las nueve y cinco”. Habló una voz desde el cielo raso del estudio: “Señora Mc Clellan, ¿qué poema desea esta noche?” La casa estaba en silencio. La voz dijo por fin: “Ya que