Agenda Cultural UdeA - Año 2005 DICIEMBRE - Page 4

ISBN 0124-0854 Nº 117 Diciembre 2005 Georgie se transforma en Borges; es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de América. Cansado del ultraísmo [escuela experimental de poesía que se desarrolló a partir del cubismo y futurismo) que él mismo había traído de España, intenta fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribe cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo [Hombre de la esquina rosada, El Puña~. Pronto se cansará también de este ismo y empezará a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta punto de producir durante dos décadas, 19301950, algunas de las más extraordinarias ficciones del siglo pasado [Historia universal de la infamia, 1935; Ficciones, 1935-1944; El Aleph, 1949; entre otros). En 1961 compartió con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, y que será el comienzo de su reputación en todo el mundo occidental. la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja ... Yo le propuse a Macedonia que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo. Z (burlón)Pero sospecho que al final no se resolvieron A (ya en plena mística)Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos. Tomado de El hacedor, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 1989, vol. 11, pág. 162 Las ruinas circulares And If he left off dreaming about you Through the Looking-Glass, VI Por Jorge Por Jorge Luis Borges Luis Borges Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú A Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días