Agenda Cultural UdeA - Año 2005 DICIEMBRE - Page 32

ISBN 0124-0854 Nº 117 Diciembre 2005 banana -dijo el joven. Sybil sacudió la cabeza negativamente. -¿En serio que no? Pero, ¿dónde vives, entonces? -No sé-dijo Sybil. Claro que sabes. Tienes que saber. Sharon Lipschutz sabe donde vive, y no tiene más que tres años y medio. Sybil se detuvo y de un tirón arrancó su mano de la de él. Recogió una conchilla común y la observó con estudiado interés. Luego la tiró. -Whirly Wood, Connecticut -dijo, y echó nuevamente a andar, con la barriga hacia adelante. -Whirly Wood, Connecticut-dijo el joven-o ¿Eso, por casualidad, no está cerca de Whirly Wood, Connecticut? Sybil lo miró: -Ahí es donde vivo -dijo con impacie ncia-. Vivo en Whirly Wood, Connecticut. Se adelantó unos pasos, tomó el pie izquierdo con la mano izquierda, y dio dos o tres saltos. -No te imaginas cómo eso aclara todo -dijo él. Sybil soltó su pie:-¿Has leído "El Negrito Sambo"? -dijo. -Es gracioso que me preguntes eso dijo él-. Da la casualidad que acabé de leerlo anoche -se inclinó y volvió a tomar la mano de Sybil. ¿Qué te pareció? -le preguntó. -¿Los tigres corrían todos alrededor de ese árbol? -Creí que nunca iban a parar. Jamás vi tantos tigres. -No eran más que seis-dijo Sybil. iNada más que seis! -dijo el joven-o ¿Y dices "nada más"? -¿Te gusta la cera? -preguntó Sybil. -¿Si me gusta qué? -dijo el joven. -La cera. -Mucho. ¿A ti no? Sybil asintió con la cabeza: -¿Te gustan las aceitunas?-preguntó. --¿Las aceitunas? ... Sí. Las aceitunas y la cera. Nunca vaya ningún lado sin ellas. -¿Te gusta Sharon Lipschutz? -preguntó Sybil. -Sí. Sí me gusta. Lo que me gusta más que nada de ella es que nunca le hace cosas feas a los perritos en la sala del hotel. Por ejemplo a ese bulldog enano de la señora canadiense. Te resultará difícil creerlo, pero hay algunas nenas que se divierten mucho molestándolo con los palitos de los globos. Pero Sharon, jamás. Nunca es mala ni grosera. Por eso la quiero tanto. Sybil no dijo nada. -Me gusta masticar velas -dijo ella por último. -Ah, ¿y a quién no? -dijo el joven mojándose los pies-o iCaracoles! Está fría. Dejó caer el flotador en el agua.-No, espera segundo, Espera estemos a un Sybil. que un poquito más afuera. Avanzaron hasta que el agua llegó a la cintura de Sybil. Entonces el joven la levantó y la depositó boca abajo en el flotador. -¿Nunca usas gorra de baño ni nada de eso? -preguntó. -No me sueltes-dijo Sybil-. Sujétame, ¿quieres? -Señorita Carpenter. Por favor. Yo sé lo que estoy haciendo -dijo el joven-o Sólo ocúpate de ver si aparece un pez banana. Hoyes un día perfecto para peces banana. -No veo ninguno-dijo Sybil. -Es muy posible. Sus costumbres son muy curiosas. Muy curiosas. Siguió empujando el flotador. El agua no le alcanzaba al pecho. -Llevan una vida muy