Agenda Cultural UdeA - Año 2005 DICIEMBRE - Page 17

ISBN 0124-0854 Nº 117 Diciembre 2005 el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas que liaran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos en sus manos húmedas. Por lo regular no nos molesta. hasta la bóveda o sepultura: sino. 'que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cóm 0&VFW26'&VFW6W7W&FVFR&v'&"wVFR26&FW2FVF;B6RVV62fV62VRVG&RFF6R6W6FFR26&FW2&VfW&VWf&2V2VR2WfV2&VFW2ࠤW7FRFWFW7L:VVƖ'&7F&2FR7&2FRf2c"VFF&fwV&gVRFFFRFW&WBƗFW&GW&&vVF6FV,:VGGwwrƗFW&GW&'6'F"6GV7FF