Agenda Cultural UdeA - Año 2003 OCTUBRE - Page 7

ISBN 0124-0854 Nº 93 Octubre 2003 pentagrama. Los llenos y vacíos, las calles y las plazas, como los silencios y la luego, para estar de acuerdo con los movimientos internacionales, construyeron a la manera del Frank Lloyd Whrigt o de Le Corbusier. También grandes arquitectos arquitectura, como las notas musicales, como las frases musicales que arman la estructura sinfónica. La ciudad es la prueba palmaria de los procesos originales y de los imitativos, de las tendencias económicas, de las latinoamericanos presentaron proyectos de gran originalidad, aunque para construirlos tuvieron que sacrificar antiguos barrios que conservaban la memoria. No pretendo con esto negar el valor esencial de la arquitectura contemporánea de América Latina. Por el contrario, creo que una parte de ella recuperó el sentido de lo que somos y por eso ha pasado a constituir ya el patrimonio que legaremos a nuestros hijos. motivaciones culturales de una sociedad. Los centros históricos de las urbes latinoamericanas son partes esenciales y vivas de ellas, y gravitan en ellos, para bien o para mal, todos los problemas de crecimiento. Muchos de los centros históricos de Es absolutamente explicable lo que pasó hace ya más de cuatro décadas. No existía ni siquiera en los grandes países europeos la conciencia de lo que implicaba el patrimonio construido. Hay que subrayar que la Carta de Venecia data sólo del año 1963. En ella se plasman la filosofía y la ética de la restauración. Fueron necesarias las Latinoamérica desaparecieron por la carencia de una conciencia sobre el valor de la ciudad como memoria e identidad. Hacia la década de los 50 del siglo pasado se concretaron los afanes "progresistas" de muchas autoridades gubernamentales o municipales que creían que el adelanto de sus ciudades implicaba la desaparición de la arquitectura ''tradicional'', ya por un afán de moda, ya porque la consideraban pobre y obsoleta. Los grupos acaudalados de las sociedades que por tradición o por herencia habían habitado los centros históricos de las ciudades, dejaron sus viviendas para desplazarse a espacios periféricos donde podían "vivir mejor", construir sus "villas" o sus "chalets". Mirando hacia el extranjero, importaron una atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de inmensos patrimonios como casi la totalidad de Varsovia o de Berlín o de Londres, para que la humanidad se diera cuenta de las pérdidas. La Carta de Venecia trata de crear conciencia acerca de que el patrimonio construido es la memoria de lo que somos o de lo que hemos querido ser. La UNESCO, hacia el año de 1972, aprueba la Convención para la protección del patrimonio mundial natural y cultural. Este compromiso arquitectura que primero fue ecléctica y