Agenda Cultural UdeA - Año 2003 OCTUBRE - Page 16

ISBN 0124-0854 Nº 93 Octubre 2003 entre los indígenas que compartían la misma suerte del despojo y la colonización. Con el transcurso del tiempo, estas fábulas se impregnaron del folklore y de los vocablos típicos de las culturas precolombinas. Algunas fábulas de la tradición oral son prodigios de la imaginación popular, imaginación que no siempre es una aberración lógica, sino un modo de expresar las sensaciones y los cuales gira la mayor cantidad de fábulas latinoamericanas. En Perú y Bolivia se los conoce con el nombre genérico de "Cumpa Conejo y Atój Antaño". En Colombia y Ecuador como "Tío Conejo y Tía Zorra" y en Argentina como "Don Juan el Zorro y el Conejo". Los personajes de las fábulas folklóricas representan casi siempre figuras arquetípicas que simbolizan las virtudes y los defectos humanos, y dentro de una peculiar estructura, el malo es perfectamente malo y el bueno es inconfundiblemente bueno, y el anhelo de justicia, tan fuerte entre los niños como entre los desposeídos, desenlaza en el premio y el castigo correspondientes. Para que la moraleja y la nobleza de los diálogos adquieran mayor efecto, se ha recurrido al género de la fábula, cuyos personajes, que nada tienen que envidiar a los de Occidente o a los dibujos animados de Walt Oisney, son los héroes de los niños latinoamericanos. En la actualidad, las fábulas de la tradición oral, que representan la lucha del débil contra el fuerte o la simple realización de una travesura, no sólo pasan a enriquecer continente el tan acervo cultural de un el emociones del alma por medio de imágenes, emblemas y símbolos. En tanto otros, de enorme poder sugestivo y expresión lacónica, hunden sus raíces en las culturas ancestrales y son piezas claves del folklore, porque son muestras vivas de la fidelidad con que la memoria colectiva conserva el ingenio y la sabiduría popular. En Latinoamérica los niños pueden oír las historias de su entorno en boca de diestros cuenteros, que los mantienen en vilo y los ponen en trance de encanto, sin más recursos que el timbre de la voz, los gestos del rostro y los movimientos de las manos y del cuerpo. Desde tiempos muy antiguos, los hombres han usado el velo de la ficción o de la simbología para defender las virtudes y criticar los defectos; y, sobre todo, para cuestionar los poderes de dominación, porque la fábula, al igual que la trova en la antigua Grecia o Roma, es una especie de venganza del esclavo dotado de ingenio y talento. Por ejemplo, el zorro y el conejo, que representan la astucia y la picardía, son dos de los personajes en torno a complejo como latinoamericano, sino que son joyas literarias dignas de ser incluidas en antologías de literatura infantil, por cuanto la fábula es una de las formas primeras y predilectas de los niños, y los fabulistas, los magos de la palabra oral y escrita.