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La Guelaguetza

a este objetivo avisándole a la princesa que iba a ser recuperada con la reconquista de la ciudad zapoteca. Sin embargo, al fragor de la batalla, viéndose diezmado, Dzahuindanda abandonó la fortaleza y se llevó a Donají.

Al amanecer del nuevo día, la heroica princesa fue juzgada con estas palabras: “tú eras la garantía de la paz y tu rey ha faltado a su palabra, ahora pagarás por la culpa del pueblo”. La joven permaneció impasible, no pidió perdón a sus verdugos, no se humilló, no lloró… A las orillas del río Atoyac, de un solo tajo, cortaron su cabeza y su tibia sangre enrojeció con líquidos claveles las ondas cristalinas. Después de mucho tiempo, bajo el mullido césped, encontraron su tumba. Un bello lirio de morados pétalos erguíase majestuoso en las riberas del Atoyac, sereno y apacible Donají, heroica mártir, se había convertido en flor para fijar su recuerdo en la quietud perpetua de los siglos. “Alma grande”, la princesa de ojos tranquilos, es un símbolo patrio. Inolvidable su recuerdo, su grandeza infinita, su heroísmo, una roca frente a la eternidad.

La cabeza desprendida de su tronco, con su bello rostro y una flor de lirio brotando por su oído, flotando por el río Atoyac, ( situado actualmente en el centro de la ciudad) , es el símbolo de la ciudad capital.

Para ver una representación de la historia de Donají, tenemos la oportunidad de asistir los dos domingos últimos del mes de julio a su puesta en escena y es precisamente en el Cerro del Fortìn en donde encontraremos un majestuoso auditorio y de acceso fácil y cómodo debido a que se encuentra a pocos minutos del centro histórico de la ciudad de Oaxaca.