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Padre Andrés Una invitación dife- rente: cargar la cruz “Dijo Jesús: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.” Marcos, 8. firma un escritor que la llamada civilización no es otra cosa que una progresiva invención de analgésicos. Y esto es verdad. Todos huimos del dolor y ahí tenemos los alucinógenos, las vacaciones, las mascotas, los viajes de placer, las cajas de ahorros, la medicina prepagada, las alabanzas de quienes nos aman y nuestra colección de autoengaños. A descubrir entre todas las cruces que nos salen al camino, aquella o aquellas que son las nuestras. Y a recibirlas con realismo y espíritu de lucha, así como lo hizo Jesús. Esta maquinaria física y espiritual del hombre ha sido fabricada para la felicidad. Pero en la vida práctica las cosas no funcionan. Porque por todas partes, en toda circunstancia nos acecha el sufrimiento, tanto para ricos, pobres o clase media. Si recibimos la cruz, ella a la vez nos acogerá entre sus brazos, hasta volverse preciosa. Tal es el adjetivo que, según la tradición, el apóstol Andrés, le dio a la suya, cuando le llevaban al suplicio. Nuestra cruz es el precio de una vida mejor y perdurable. Sin embargo, el Señor nos descubre que la cruz no sólo es el camino hacia la salvación, sino hacia la realización personal. Suprimamos la cruz de la vida de los grandes cristianos y todo su andamiaje se nos vendrá por tierra. ¡Que tengan una buena semana! Nos narra el evangelista que a la hora de morir Jesús . Su cruz se le convirtió aquella tarde en apoyo y en pasaporte para ingresar a la gloria. Andrés Arango Párroco El Evangelio no prohíbe luchar contra el dolor, aunque nos invita a iluminarlo. A 40 TM MAGAZINE 15 de noviembre de 2018