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DE INMIGRANTE A NEUROCIRUGANO D esde sus principios humil- des en Mexicali, México, el Dr. Quiñones-Hinojosa salto literalmente la reja fronteriza a los Estado Unidos por un mejor futu- ro. Con una determinación y pasión sin igual, trabajo para convertirse en un científico y neurocirujano con reconocimiento internacional en el Hospital de Johns Hopkins en Baltimore, Maryland. No importa si esta consolando un paciente, en el quirófano, o trabajando en su investigación de vanguardia, el Dr. Q siempre esta accesible, inventivo y determinado. En 1987, a los 19 años, Alfre- do Quiñones-Hinojosa literalmente brinco la barda fronteriza entre México y Estados Unidos. La policía de la frontera lo capturo y mando de regreso pero mas tarde ese día volvió a intentarlo y lo logro. Esto solo fue el principio, ya que no tenia dinero, y en ese entonces no podía hablar Ingles. “Yo conocía los riesgos,” decía. “Tenia grandes sueños, y pre- fería arriesgar mi vida a quedarme en México...aunque yo nunca sentí que mi vida fuera dura. Era un privi- legio para mi el estar aquí. Disfrute cada paso porque yo sabia que todo 24 iba hacia algo mas grande.” Quiñones llego a Fres- no, California donde trabajo por dos años como pizcador de algodón, pintor, y sol- dador. Su casa era una casa móvil parchada con madera contrachapa- da, y después compartió un departamento de una reca- mara con cinco miembros de su familia. Fue alrededor de este tiem- po cuando casi muere. Aun siendo inmigrante ilegal, Q trabajaba para el equipo de ferrocarril en Abril 14, 1989, cuando, solo de 21 años, cayo en un tanque de petróleo vacío, una caída de aproximadamente 18 pies. Vivo, comenzó a escalar una cuerda que le habían aventado sus compa- ñeros y vio su vida pasar frente a sus ojos. En 1992, Quiñones felizmente renuncio su trabajo de ferrocarrilero para siempre, y recibió una beca para la Universidad de California Berkeley donde estudio psicología. Aunque batallo al hablar y escribir tareas, Alfredo tomo muchas clases de calculo, física, y química para mantener sus promedio alto. Ahí encontró un asesor en el departa- mento de psicología—Joe Martínez y su laboratorio de neurobiología. Capturo la imaginación de Q. El tenia grandes planes. En Harvard Alfredo fue introducido a Ed Kravitz y su laboratorio famoso de neurobiología por Martínez. Kravitz era un niño ca- llejero de Bronx que llego a profesor de Harvard a los 30 y él y Quiñones conectaron instantáneamente. Q mismo se volvió muy distinguido no solo académicamente, pero por sus actividades comunitarias ayudando a TM MAGAZINE “SI NO LE TEMEMOS A LA POSIBILIDAD DE FRACASAR, PUEDE QUE NO HAGAMOS BIEN NUESTRO TRABAJO. PERO, SI TENEMOS MIEDO, VAMOS A TRABAJAR MUCHO MÁS DURO POR LO QUE QUEREMOS”. los estudiantes menos afortunados al darles un lugar donde quedarse. Sus años en Harvard incluyeron grandes cantidades de fellowships en inves- tigación y honores académicos, su ciudadanía Americana, el nacimiento de su hija, y finalmente graduándose cum laude (con honores) y dando el discurso en la ceremonia de gradua- ción para su escuela de medicina en Harvard clase de 1999. Para los siguientes seis años el Dr. Quiñones (como ya oficialmente era) hizo su internado, residencia, y tra- bajo post-doctoral en la Universidad de California San Francisco. Durante este tiempo encontró su llamado como neurocirujano y en el 2005 vino a Johns Hopkins como profesor y cirujano especializado en cáncer cerebral y tumores pituitarios. Sus títulos oficiales hoy incluyen Profe- sor Asociado de Cirugía Neurológica, Profesor Asociado de Oncología, Director del Programa de Cirugía de Tumores Cerebrales en Johns Hopkins Bayview Medical Center, y Director del Programa de Cirugía Pituitaria en el Hospital Johns Hopkins. Cuando no esta enseñando o en el quirófano, el Dr. Quiñones esta en su laboratorio trabajando en su investi- gación para intentar curar el cáncer. El cree que existen unas células madres naturales en el cerebro que, si se ponen en el lugar correcto, pue- den detener la migración de células cancerosas en el cerebro, trabajando mas efectivamente y natural que cualquier cirugía o tratamiento de radiación actualmente empleado. To- davía hay mucho trabajo por hacer, pero el Dr. Quiñones-Hinojosa espera el día cuando no sienta que esta entrando el cerebro ilegalmente, y el cáncer se convertirá una enferme- dad no mas molesta que el resfriado común. 17 DE AGOSTO DE 2017