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M C I N C O DREAMERS, cinco historias de superación ientras se intenta llegar a un acuerdo migratorio que incluye una solución para casi dos millones de inmigrantes indocumentados que llegaron al país siendo niños, las historias de superación de muchos de ellos muestra la urgencia que hay para sacarlos del limbo legal en el que se encuentran. Javier Hernández Kistte Tie- ne 27 años y vive en Los Ánge- les. Llegó a EEUU desde la Ciudad de México cuando tenía ocho años y se graduó en la Universidad de California en Irvine. Contó a la agencia Reuters que ser beneficiario de DACA le ayudó a trabajar para pagar sus estudios. “Mis padres todavía son indocumentados y como familia luchamos con la ansie- dad de que puedan ser deportados en cualquier momento”, agregó. Hernán- dez Kistte en su lugar de trabajo, una empresa producción de efectos espe- ciales de Los Ángeles. “La ansiedad ha aumentado con la incertidumbre de que mi hermano y yo regresemos a un estatus de indocumentados. No se trata solo de nosotros. Sé que hay personas que están dispuestas a negociar por nuestro derecho a estar aquí, pero que harían de la vida de otros una pesadilla. No quiero eso”. Karla Es- trada Tiene 26 años, vive en Los Ánge- les y es gradua- da de la Univer- sidad de California. Es asis- tente legal y se prepara para ingresar a la Escuela de Leyes. Llegó a EEUU desde Morelos, México, cuando tenía cinco años. “DACA siempre ha sido muy problemático y temporal, no es lo ideal. Nos ha dado la libertad de trabajar, legalmente, sin temor a que en tres meses nos despidan porque no tenemos un número de seguridad social”, afirmo la soñadora. Estrada vive en un apartamento en Los Ángeles y su familia permane- ce en México. “Tengo que cuidar- me en este país, pero también tengo que cuidar de mi mamá, mi papá y mi hermano que están en México. Lo que más me asusta es no poder cuidar a mi familia (…)”, concluyó. Bárbara Hernán- dez Martha Valenzuela Tiene 23 años y llegó a los dos años desde Sinaloa, México. Se graduó en la Universidad del Estado de California. Sobre el fin del programa DACA del cual es beneficiaria dijo a Reuters: “Me rompió, es traumático porque he vi- vido en este país durante 21 años. Todos queremos un camino hacia la ciudadanía, todos queremos pro- tección permanente para nosotros y nuestras familias”. Valenzuela trabaja en una empresa en Orange, California. “La razón por la que este país nos etiquetó como ‘soñadores’ es porque que- remos algo que parece que fuera inalcanzable. Si podemos soñarlo, podemos lograrlo. Se necesitan agallas para soñar y se necesitan agallas para luchar por ello”, con- cluyó Valenzuela. 40 Tiene 26 años, vive en Santa Ana y se graduó en la Universidad Comunitaria de Orange Coast en California. Llegó a EEUU desde la Ciudad de México cuando tenía seis años. Trabajaba como maes- tra de educación especial hasta que DACA fue derogado por el nuevo gobierno. “Ese fue el trabajo más gratificante y amoroso que he tenido, pero con este gobierno y el fin de DACA estaba muy asustada ”, aseguró la dreamer. Hernández participa en las pro- testas en Los Ángeles a favor de una legislación para los dreamers. “Tuve una etapa de pánico y estaba deprimida”, agregó. “Me preocupa cómo se sienten los beneficiarios de DACA y su estado mental. Me gustaría ver una pro- tección permanente no solo para nosotros, sino también para los otros 11 millones de inmigrantes sin documentos”. TM MAGAZINE Brian Caballero Tiene 25 años y está a punto de graduarse en el Politécnico de California en Pomona. Llegó a Estados Unidos cuando tenía seis años desde Guadalajara, México. Asegura que está preocupado por el fin de DACA: “Me aterroriza que cuando finalmente me gradúe no pueda ser empleado en EEUU”. Caballero en una clase de labora- torio del último año de la carrera d )%ɥq1Ʌ)́ͽ́յ)х́٥ɽɄѕȁչ٥)ȸ1́ͽ)ՅՔ弰Ʌх)ѕȁՍ͸ɄɅ)́٥̃p̸( II<